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Cuento de miedo

Por Elenna - 11 de Octubre, 2006, 15:51, Categoría: Cuentos

Tras el alarde de inspiración que destilo en mis últimos posts (juassss!!), la verdad es que esta semana no estoy absolutamente nada inspirada... así que os dejo un cuento de miedo para amenizar estos dias festivos...

"Es solo un trabajo", volví a pensar mientras llegaba en mi camioneta a la vieja mansión ubicada en las afueras de la ciudad. "Solo un trabajo más como cualquier otro. Además el cliente siempre tiene la razón, no importa que sea lo que pida". Últimamente no me había ido muy bien con mi compañía de exterminación de plagas, y si un cliente pagaba bien no podía negarme, por muy raro que fuera su pedido. Lentamente, aparqué frente a la ruinosa mansión. Era un lugar tétrico, sombrío, de grandes ventanales y oscuros pasajes. El lugar ideal para una plaga. Tome mi maletín, me dirigí a la puerta y la golpeé firmemente con los nudillos. Pesadamente se abrió la puerta, asomándose una lastimosa anciana de ropas raídas con un candelabro en las manos.

- Buenas noches – dije - soy de la compañía de exterminación. Me llamaron por el asunto de una plaga.

- B.. Buenas noches joven - dijo la anciana – disculpe, pero no recuerdo haberle llamado, aunque con esta cabeza debo haberlo olvidado... Ud. debe venir por lo de las ratas... Bien, pase, pase.

Entré y comenzamos a caminar por los oscuros y tenebrosos pasillos. Podía escucharse la madera crujir bajo nuestros pasos y el incesante chillido de las ratas a través de las paredes. Mientras caminábamos, la anciana no dejaba de balbucear maldiciones contra las ratas.

- Me tienen aburrida, están por todos lados, en la cocina, los dormitorios, el techo...

Pronto llegamos hacia una de las habitaciones en donde se distinguía entre sombras un gran hoyo en la pared. La anciana se inclinó y apuntando hacia él me dijo:

- Por aquí es donde salen estas malditas. Creo que debe empezar por aquí.

Mientras la anciana estaba inclinada, me surgió la duda nuevamente. ¿Debía hacerlo o no? Era algo cruel, pero el cliente siempre tiene la razón. Así que abrí mi maletín y saque mi llave de tuercas. Levanté la mano y descargué el golpe sobre el cráneo de la anciana... Vi el cuerpo tirado en el suelo y pensé: "Nadie la echará de menos". Pronto surgieron miles de ratas desde el agujero y comenzaron a devorar el cadáver de la anciana. Algunas me miraban de reojo y parecían sonreír. Me di la vuelta y abandoné la habitación, agachando la cabeza y tragando saliva, caminando deprisa. Dentro de poco no quedaría ningún rastro del cadáver. Cerca de la puerta encontré un fajo de billetes, el pago por mi trabajo. Mientras caminaba hacia la salida, pensé que el concepto de plaga era algo muy relativo. Para la anciana la plaga eran las ratas, pero para las ratas la plaga era la anciana. "Y qué podía hacer yo", pensé, "si las ratas llamaron primero..".

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