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El Arte de Saber Llegar Tarde

Por Elena - 7 de Febrero, 2007, 18:58, Categoría: Cuentos

El pájaro me dice que me dé prisa, que voy a llegar tarde. Recuerdo su voz dulce, chillona. Recuerdo sus plumas rojas, azules, sus ojos brillantes, su pancita que se hincha con la fuerza de sus palabras. Recuerdo sus patitas doradas agarradas a la rama del árbol de la ventana. Recuerdo que era tarde, pero no demasiado.

Corro por el camino de piedras blancas. El de siempre, el de todas las mañanas. Mis pies no levantan la polvareda de otros días. Hay humedad. Hace frío. Recuerdo mi aliento convertido en vaho. Me recuerdo jugando a fumar cigarrillos imaginarios con ese mismo vaho. Sonrío.

La helada ha hecho palidecer los árboles y la hierba del camino. El pájaro vuela a mi lado, me dice "corre". ¿Por qué tanta prisa? Vas a llegar tarde. Una sístole furiosa y constante me hace entrar en calor. Noto la diástole retumbar en mi pecho. Las mejillas se enrojecen, los dedos resbalan del sudor. ¿Por qué tanta prisa? Me detengo. El camino se queda en silencio y sólo oigo mi respiración. El pájaro revolotea. Me mira sorprendido, no te pares. Oigo el aleteo. Oigo mi respiración. Miro a mi alrededor, nada ha cambiado. No hay viento, huele a hierba, huele a vida, huele de color verde.

Comienzo a andar, despacio, por el camino de piedras blancas de toda la vida. El pájaro me dice que vaya más rápido, que llegaré tarde. Le digo que no, que quiero comprobar una cosa. Quiero ver si llego a tiempo llegando tarde, quiero ver si puedo disfrutar del camino, de lo que me rodea, mientras voy a mi destino.

El pájaro se posa en mi hombro, me mira extrañado, me encanta el brillo rojo de sus plumas, ladea la cabeza y parpadea, tranquilo. No dice nada. Silba.

Recuerdo contar las piedras blancas del camino. Recuerdo que hay 43657 piedras blancas hasta mi destino. Recuerdo que cada día paso por delante de ellas sin enterarme, sin saber que están ahí, por miedo a llegar tarde, por miedo a no estar.

Recuerdo llegar tarde ese día. Pero recuerdo que a pesar de llegar tarde, recuerdo llegar a tiempo. Llegué cuando tenía que llegar. Ni más, ni menos. El pájaro me mira tranquilo, sonríe y me dice que he tenido suerte de llegar a tiempo. Puede, pájaro. Puede. Pero creo, que me he dado cuenta de que las personas más puntuales del mundo pueden llegar tarde en la vida, y las más impuntuales pueden llegar pronto. Nunca se sabe lo que vas a tardar en contar las piedras del camino.

El pájaro se ríe. Silba.

Gracias, Uceda. Gracias, María.

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