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Por culpa de conversación ajena

Por Elena - 26 de Mayo, 2007, 16:37, Categoría: Hoy

Estaba yo ayer en el Carrefour a las 10 menos cuarto.. (gran plan de un viernes noche, guau, estoy que me salgo!!!), cuando estando en la sección de charcutería veo a dos jóvenes marujas de barrio (no sé como describirlas: algo en plan la Juani de Bigas Luna, para hacernos una idea...de estas que se tiñen el pelo de color amarillo pollo, que si llevaran la ropa un pelín más ajustada no podrían hablar o directamente mueren por falta de aire, y que llevan unos pendientes de aro tan grandes que se podría columpiar un canario en ellos...), y están hablando la una con la otra:

- Ay, Mari, que tengo que comprarle el chopped (a lo que pienso yo: ¿pero todavía hay gente que come chopped???) al Juanqui.
- Ah, pues venga, aprovecha ahora.
- Ay, si, nena, porque a mi niño le gusta mucho los bocadillos de chopped con tomate, y claro, yo se lo hago todas las mañanas el bocadillo, porque claro, a mi Juanki le gusta mucho el chopped, y claro.. (y blablabla, que como le gusta al Juanki los bocadillos de chopped y claro, que yo le compro a mi hombre el chopedd, y blablabla.)

Pensamiento número 1:
- Joder, chata, qué vida más triste es la tuya, que tu mayor preocupación es comprarle el chopped al Juanqui.

Pensamiento número 2:
- Joder, chata, qué vida más triste es la mía, que no tengo a nadie a quien comprarle el chopped.

Si es que, realmente, todo es relativo. La hortera garrula ésta de barrio es posiblemente más feliz que yo. O no.

Y de repente, noté una punzada de nostalgia de cuando El Hombre Réptil estaba en mi vida. No le quiero más en ella (¿quien quiere un réptil en su vida) pero de repente me he acordado de ciertas cosas.. De la vez que estaba triste y me dejó decenas de post-it declarando su amor colgados por todas las paredes de la habitación. De cuando le hacia zumo de naranja por la mañana. De cuando me lavaba el pelo y me pintaba margaritas en las uñas de los pies. De cuando me ponía el despertador a las 3 de la mañana para irlo a buscar al bar donde trabajaba a 20 km de casa....

Y es que en el fondo, cuando estoy enamorada me transformo en una geisha. Una geisha blanca, occidental y sin quimono, vaga y caótica, de ojos redondos, con la cara lavada y sin tener ni idea de cómo se sirve el té, pero una geisha al fin y al cabo. Pendiente que de mi ser querido esté bien y que no le falte de nada. Porque, en el amor, las personas nos dividimos en dos clases: los amados y los amantes: los que necesitan ser amados y los que necesitan amar. Yo pertenezco al segundo grupo, cada vez necesite menos que me quieran, detesto que me necesiten, odio dar explicaciones... pero echo en falta cuidar de alguien... No tiene sentido. Quizás por eso siempre soy mejor amiga que pareja... Por suerte para mi, me enamoro pocas veces.

A Calamaro procuro cuidarlo en la distancia... Tan sólo puedo hablar con él. Irónicamente, eso ayuda a que nos conozcamos. Está en un mal momento de su vida, y charlamos constantemente por teléfono. (Vodafone ya tiene un retrato mio al óleo en la sala del Consejo General). Necesita que le escuchen.  Admiro tu paciencia, me dice. Realmente hay días que me pega unas chapas... Y yo me rio.. ya que la distancia me inhabilita para darle amor, le daré mi amistad...

Qué caprichosa es la inspiración: a Proust le inspiró una magdalena y a mi el chopped. Obviamente, el glamour del chopped es bastante nulo en comparación al de una deliciosa magdalena... así escribo los posts que escribo, y nunca "Por el camino de Swann"!!!

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