El pasado domingo, volviendo Calamaro y yo de la playa y de tomar unas cañitas (qué fácil es hacer feliz a un chico madrileño, ays!), al llegar frente al portal, me dí cuenta, oh, sorpresa!, oh, qué raro en mí!, que no me encontraba las llaves...
Revolví mi maxibolso de arriba a abajo. Fuera las gafas de sol, el monedero, los klennex, la novela de turno, los sudokus, el móvil, las compresas por si acaso, el móvil, el MP3, el ADN de hace tres días, los caramelos de menta, las llaves del coche, el carnet de conducir, la libreta bancaria.. vamos, que me creo un caracol y voy con la casa a cuestas.. pero de las llaves, ni la sombra. El maxibolso quedó vacio y en cambio apareció una montañita de cosas esparcidas en el suelo de mi portal, pero aunque apareció incluso un recuerdo de mi primera comunión (nooooo, esto es broma, jajajaja), las llaves, esos pequeños objetos de metal que pasas desapercibidos, no aparecieron.
Recogí todo y empecé a ponerme nerviosa. Ser despistada es un rasgo de mi personalidad que me crispa a mí misma. Cuando pierdo algo, me caigo mal. Porque es muuuuuuuuuuuuuuuy fácil que pierda las cosas. De hecho, he renunciado a comprarme pendientes, gafas o anillos caros, porque total, para lo que van a durar siendo de mi posesión...
- Ays, Calamaro, mierda, he perdido las llaves! Seguro que me las he dejado puestas en la cerradura!
- Pues yo creo que sí, porque no te he visto cerrar con llave (siempre, siempre, siempre cierro la puerta con llave)
- Pues tendré que llamar a un cerrajero (no sería la primera vez...)
Calamaro me mira y se rie.
- Anda, ya! Ven, se me ocurre otra cosa!!!
Justamente en ese momento, un vecino entra en el portal, y aprovechamos para colarnos dentro.
- Pero que se te ha ocurrido???
Subimos al tercero, y decidido como es él, pulsa el timbre de la vecina. Yo alucino. Como soy un poco tontita, vamos, ni me imagino sus planes. Comencé a pensar si pensaba pedirle que nos alojara o algo así esa noche.
- Hola! Soy Calamaro, y me preguntaba si me dejaría saltar desde su balcón al balcón de ella (y me señala). - y tal cual le dice eso, le planta dos besos a mi vecina y se mete dentro del piso.
Yo, flipando, le sigo:
- Qué!!!!??? Qué piensas saltar!!?? Ni se te ocurra, que como te caigas te matas! Por 100 euros de mierda que vale el cerrajero!! Vamos, ni de coña!
- Ah, tu tranquila!!
Y antes de que pudiera detenerlo, ya está descolgado por el balcón, al vacío. Con agilidad de gato, se agarra a la separación de ambos balcones, y mientras a mi me recorre un hilo un sudor helado la espalda a causa de la impresión, y ya me comienzo a imaginarme abrazándome a su madre en el funeral y recibiendo condolencias varias, él felizmente ya está en el otro lado. Como la puerta de la terraza está cerrada, se cuela al piso por la ventana de la cocina.
Suena de nuevo el timbre de la vecina, y está él de nuevo, haciendo voltear las llaves con el dedo.
- Niña! Si te las habias dejado en la cerradura!!
- Ay! Nunca más!! Te he visto ya estampado en la calle hecho pedacitos y lo he pasado muy mal!!
Por la noche, ya acostados, le abrazo y le acaricio la mata de pelo rizado. Y pienso que el verdadero Spiderman, mi superheroe particular, duerme conmigo todas las noches, y que en realidad Peter Parker es una farsante, ya le gustaría a él ser como Calamaro.. superCalamaro al rescate de la pobre doncella en apuros!!! Pero, pobrecito Peter, también ha de ganarse la vida... :D