Me preguntas:
¿Por qué me quieres?
Y te respondo:
Es tremendamente fácil quererte... lo difícil seria no hacerlo.
Y me vuelves a preguntar:
¿Pero porque?
Y te miro y no soy capaz de darte una respuesta... No sé porque te quiero.
****
Tras dos visitas a Madrid, durante las cuales he dormido en tu habitación de siempre y he comido con tus padres, hermana, hermano, cuñada y sobrinos, llegó el momento en el que tú conocieras a mi familia, o al menos, a algún miembro de ella. Y el único familiar que viva cerca de mí es mi hermana.
No es lo mismo para ti que para mí. A la presentación familiar, me refiero. Yo soy la cuarta novia "oficial" que presentas a tus padres en seis años. Sé que les caigo bien, pero no soy (al menos de momento) un elemento a tener en cuanta. Soy una más, una de tantas, la novieta de turno. El tiempo dirá… En cambio, yo, reservada hasta límites enfermizos, no he presentado a nadie (casi ni mencionado) desde los 21 años. No tengo, de cara a mi familia, novio conocido ni reconocido desde entonces. Que me digne a presentar a alguien es todo un acontecimiento. Saben que no eres un cualquiera. Música de violines para la ocasión, por favor.
El domingo por la tarde llega el momento:
- Vamos a casa de mi hermana?
- Espera un momento.
Sacas una camisa, abres la tabla de planchar y como puedes, empiezas a planchar la camisa. No tienes ni idea. Torpemente, deslizas la plancha sobre la prenda.
- Es la primera vez que planchas?
- Si.
- Y como es que te ha dado por ahí?
- Quiero darle buena impresión a tu hermana.
Sabes que es importante para mí, y te esfuerzas.
Siempre siendo yo la esforzada, la sufridora, (aun) se me antoja extraño que alguien se preocupe por mí.
Y mientras te peleas con la plancha y la camisa, manteniendo lucha encarnizada, y nos reímos de tu poca habilidad, descubro porque te quiero. Ya sé la respuesta a la pregunta. Ha llegado a mí.
Me has enseñado algo: yo creía que querer a alguien era dar. Pero no. También es recibir.
Recibo tanto cariño por tu parte, que desbordo amor por los poros de la piel. Estoy impregnada, salpicada, embadurnada. Borracha de ternura y comprensión, tan sólo el ver tu sonrisa cuando llegas a casa por las noches cambia por completo mi perspectiva vital. Ahora ya no soy una persona: soy dos. Yo soy tú. Eres principio y fin de mis pensamientos.
Porque me ilusionas, me complementas, me revitalizas, me animas, me alegras!!!
Nunca seré capaz de expresarte fielmente que significas para mí... Porque, a pesar de las 88.431 entradas contenidas en el diccionario, no existen palabras suficientes para explicarte todo lo que siento…