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Febrero del 2008
Por Elena - 29 de Febrero, 2008, 9:02, Categoría: Hoy
La verdad es que últimamente no tengo ganas de escribir en el blog... He pensado en darle las gracias, el finiquito, y dejarlo morir.. pero es que tampoco quiero hacer eso, porque me conozco, y dentro de dos días me entrarán de nuevo ganas de escribir y no tendré blog donde hacerlo. Podría entonces crear otro pero no sería el mismo.. me gusta este blog. Me gusta "Escapando a la rutina". Le tengo cariño.. No quiero fulminarle.
Por tanto, le dejo en coma un poquito.. Hasta que me dé por resucitarlo. Puede ser dentro de dos días, dos semanas o dos meses. Cuando me dé...
PD. De momento le he cambiado la plantilla. A ver si un cambio estético me motiva....
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Como ser imperfecto que soy, cumplo a la perfección los siete pecados capitales...
Pero lo he estado pensando, y la verdad, aun pudiendo pecar de pretenciosa (si no es de una cosa, se peca de otra, es inevitable, ¡como le gusta a la Iglesia hacernos sentir culpables continuamente!), puedo decir que no soy envidiosa, o al menos, no demasiado. Creo que de los siete pecados capitales, justamente de envidia es del que menos peco. Tiendo a pensar que a quien le va bien es porque se lo merece, ya sea por esfuerzo, ya sea porque ha sabido aprovechar las oportunidades, ya sea porque ha sabido crearse las oportunidades.
Aun así, según la definición de envidia (envidia es un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro, la base de la envidia es el afán de poseer), ya me dirás tú quien es el guapo que se libra de ser envidioso. Es casi casi misión imposible. Todos queremos algo que no tenemos y, en cambio, si lo tiene otra persona. Siempre queremos lo que no tenemos, o imaginamos querer lo que no tenemos, porque es increíble como despreciamos mucho lo que tenemos a favor de algo que no tenemos, o como la imaginación o la ignorancia nos induce a creer que queremos algo que en realidad no queremos ni de coña. Ya lo dice el proverbio: ten cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad. De mi abuelita, que es una mujer de casi 88 años muy sabia, y quien me ha inculcado el amor a los refranes, aprendí que: Siempre creemos que la hierba del prado del vecino es más verde.
Por tanto, yo creo que la envidia es inherente al ser humano. Todas las personas se comparan entre sus iguales. Lo gracioso está luego en los matices, en que las comparaciones y envidias son diferentes según en qué grupo y/o estamento social te muevas: la soltera envidia a sus amigas casadas; los ricachones envidian el superdeportivo con tres reproductores de audio y video del otro ricachón; los indígenas la buena cosecha del indígena del poblado de al lado; el adolescente envidia que su amigo liga más y encima le dejan llegar más tarde que a él. Dime a qué grupo social perteneces y te diré qué envidias. Somos tan simplones… Ays… Luego nos quejamos que los publicistas hacen con nosotros lo que quieren. Normal.
A todas las conclusiones que he soltado en la parrafada anterior había llegado yo solita, usando de vez en cuando la media neurona que aun me queda… Pues resulta, que hace un par de años, en el Sant Jordi del 2006, mi exjefe regaló un libro a todos sus empleados: Déjame que te cuente, de Jorge Bucay. Durante mucho tiempo, me negué a leerlo, debido a que este tipo de libros me parecen libros de autoayuda disfrazados de filosofía barata (si alguien quiere leer filosofía, que lea a Wittgenstein y no a Paulo Coelho, coño, he dicho!), pero cuando me quedé en paro, como me pulí todos los libros que rodaban por casa…acabé leyéndomelo… soy débil… La cuestión es que hubo un párrafo (dentro de todo ese pestiño almibarado que es en sí ese ¿libro?) que, oh!, me sorprendió. Fíjate tú, que esas tonterías que yo había pensado en mis ratos de mirar el techo, resulta que un filósofo, Erich Fromm, también las había pensado, y ¡hasta había hecho un axioma! (lo que me lleva a otra conclusión: que no hay historia aburrida, sino mal narrada; y no hay pensamiento chorra, sino mal expresado…).
El párrafo es el siguiente:
La idea de la sociedad postindustrial está basada en tener y no en ser, como diría Erich Fromm. Nos han condicionado con un axioma que viene naturalmente a nosotros, si no somos capaces de evitarlo. Esta frase es a la vez usada como motor y como trampa. La frase es:
"QUÉ FELIZ SERÍA YO CON LO QUE NO TENGO"
Donde lo que no tengo no es un auto, una casa, un buen sueldo, una pareja. Lo que no tengo es "lo—que—no—tengo"; quiero decir una unidad no posible. Dicho de otra manera: si yo consiguiese tener lo—que—no— tengo, no me haría feliz porque ese algo (auto, casa, novia, etc.) al tenerlo, dejaría de ser lo—que—no—tengo y siguiendo el axioma, sólo podré ser feliz teniendo lo—que—no—tengo.
O sea, que siempre queremos lo que no tenemos. Y como sólo nos inspiramos con los que tenemos alrededor, siempre veremos algo que tienen los demás que nosotros no tenemos que nos mola. Y eso nos causa insatisfacción. Aquí acaba Fromm. Yo añado que el origen de la envidia empieza en este punto. (Si alargo esta idea 200 páginas y le doy forma de libro, y me lo publican, sería filósofa!!!)
Joé, cuanto he escrito ya… Podríamos hablar también de la envidia malsana, ese deseo tan grande de tener algo que no se tiene que hace putear sin ningún problema de conciencia a quien si lo tiene para arrebatárselo, o para, simplemente, que nadie lo tenga.. Pero fíjate, vuelvo a repetir lo del principio del post, no soy envidiosa (o al menos, no mucho), así que no sé, no me he visto inmersa en este sentimiento. Tampoco he sido victima.. sé que en algún momento he sido envidiada (cosa que me hizo gracia y hasta ilusión, y una gran pérdida de tiempo, todo sea dicho de paso), pero no hubo ningún acto malvado hacia mi.. Así que por propia experiencia no puedo hablar…
Petonitos a mansalva. Me despido por hoy. No me seáis envidiosos. No creáis que la hierba del vecino es más verde que la vuestra. Porque es mentira. El verde es verde, y la hierba es hierba. Y más vale dar muchos paseos en el 600 heredado de tu padre, que pasarse el día encerrado en casa añorando el Porsche que probablemente nunca tendremos.
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Como ser imperfecto que soy, cumplo a la perfección los siete pecados capitales...
Pero mi máximo esplendor lo alcanzo con la pereza...
Me da pereza escribir en el blog. No quiero escribir, no quiero pensar, no quiero expresarme. Me da pereza comentar en blogs ajenos, no me apetece... Me da pereza el mundo bloggero últimamente.
Me da pereza salir de mi casa, de mi mundo, de mi cabeza. Sólo quiero dormir. Para colmo, hace mal tiempo, lo que aumenta mi pereza. Me arrastro por casa en pijama, sólo quiero estar tirada en el sofá y ver películas. ¿Que hay que limpiar el baño? Ya se limpiara. Yo es que paso, nen. Me da un palazo descomunal.
Me da pereza el trabajo... A ver a quien coño le apetece recopilar artículos de autores españoles publicados en revistas de medicina extranjeras.. Vamos, me apetece más que me claven palillos debajo de las uñas, la verdad.. Bueno, no, miento, tampoco me apetece... Quiero dormir..
El blog languidece por momentos.. pero es que no me apetece revitalizarlo.. que palo me da... Creo que por ahora no puedo aportar nada nuevo....
Mmhhhhh... Qué bien se está debajo del nórdico... mmmhhh.
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No sé si lo he comentado alguna vez, pero en la editorial comparto despacho con tres chicos: Chico Encantador, Chico Quejita y un clon de Harry Potter. La verdad es que nunca hasta ahora había trabajado tan íntimamente con tanto chico, siempre había trabajado inmersa en verdaderos ecosistemas femeninos, y lo cierto es que la experiencia está resultando muy satisfactoria. Me río muchísimo con ellos, son más despreocupados que las mujeres, y aunque también son muy trabajadores, se toman con las cosas con otro ritmo… Ni se alteran, ni se enfadan, ni se estresan.. No sé si es por el gen masculino de la no-histeria o porque ellos son así, pero vaya, trabajar con hombres está siendo todo un descubrimiento.
Por otro lado, como todo el mundo sabe, hoy es San Valentín.. cosa que me la repampimfla bastante, a ver, pero lo cierto es que es mi primer San Valentín con Calamaro y no sé, me hace ilusión celebrarlo… Discretamente, con algún detalle, no con ninguna tontería con forma de corazón ni nada por el estilo.
Compartiendo despacho con tres chicos, y yo con falta de ideas, he creído lógico preguntarles a ellos que les gustaría que les regalase su chica hoy:
Elena: Oíd, chicos, me gustaría hacerle un regalo a Calamaro hoy… ¿Que le puedo regalar? ¿Qué os gustaría que os regalasen a vosotros?
Chico Encantador: Un disfraz de enfermera, para jugar a los médicos.
Elena: (Ays… ¿¿Porque a mi???) No!! No me vale! Otra cosa!!
Chico Encantador: Oye, que el disfraz en realidad es para ti, no para él!
Elena: (Qué graciosillo…) Ya, ya me lo imagino… no creo que a Calamaro le gustara ponerse una cofia.. No me gusta! ¿Otra idea?
Harry Potter: Unas esposas.
Chico Encantador: Un bikini de nata.
Chico Quejita: Un anillo vibrador.
Elena: (Desesperada…) No. No. ¡No! Por Dios! Algo que no esté relacionado con el sexo!!!
Harry Potter: Pero es que ese sería el regalo perfecto.
Elena: No creo que el regalo perfecto tenga que estar necesariamente ligado al sexo, hombre.. mi vida sexual ya va bien! Y ya tengo unas esposas!!
Los tres: ¿¿¡¡ TIENES UNAS ESPOSAS!!??
Conclusiones de esta conversación:
Su conclusión: Elena, a pesar de la carilla de mosca muerta que tiene, ¡tiene mucha tela!
Mi conclusión: Son unos salidos, y... ¿porque se extrañan tanto de qué tenga unas esposas?
Su segunda conclusión: ¿Y porque mi novia no me regala unas esposas a mí? ¿Y porque no se las regaló yo a ella? Elena, ¿de donde las has sacado?
Mi segunda conclusión: Aun no sé que regalarle a Calamaro.. aunque un anillo vibrador.. ¿?¿¿??
Conclusión real y verdadera: Los hombres y las mujeres no entendemos el sexo de la misma manera, a la vista está....
Segunda conclusión real verdadera: O quizás, quienes menos sexo tienen, es quienes piensan más en él... O no.. yo qué sé...
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Por Elena - 12 de Febrero, 2008, 10:40, Categoría: Hoy
Hoy he estado leyendo mi blog y me doy cuenta que hace mucho que no escribo sobre mi, sobre mis sentimientos, sobre mi vida normal...
Lo cierto es que ahora mismo, desde que vivo en Montmeló, tengo una vida absolutamente normal, absolutamente rutinaria, aburrida, quizás, inclusive.
Pero lo cierto es que soy muy feliz. Si, lo puedo decir, lo proclamo. Soy asquerosamente feliz. Casi me dan ganas de pedir disculpas. Veo en la televisión las desgracias ajenas, a gente de países lejanos pasando hambre, a gente que vive a dos pasos de mi casa pasando penurias, y la culpabilidad me golpea las paredes del estomago. Pero que le voy a hacer. Soy feliz. No puedo evitarlo. Siento el egoísmo, de verdad que lo siento. Quizás tendría que tener más conciencia social, salir de la burbuja rosa en la cual me he sumergido. Tendría que rebelarme contra la esclavitud capitalista impuesta. Pero, simplemente, no me apetece.
En cierto modo, creo que me lo merezco. Lo he pasado mal. Es mi recompensa vital. Lamento el ombliguismo, pero he estado durante tanto tiempo vacía, que ahora me relamo de gloriosa plenitud. No se puede ignorar, quien sabe cuanto tiempo permanecerá.
No tengo mucho dinero, he de hacer números con la calculadora para llegar a fin de mes. No puedo hacer grandes viajes, no comprarme los últimos modelitos. Pero vivo bien, sin lujos pero sin carencias. Leo los libros que me gustan. Escucho la música que me apetece. Como la comida que quiero. Hago (dentro de mis posibilidades) lo que deseo. Trabajo contenta en la editorial (a pesar de ciertas nubes de quiebra empresarial que nos rondan, pero bueno, eso en otra ocasión las contaré…). No tengo grandes ambiciones, tan sólo aspiro a que el domingo haga buen tiempo para poder pasear por el campo en mi bicicleta nueva. Y, sobre todo, la persona con la que comparto mi vida me encanta, me llena, me complementa.
Soy simple. Mi vida es simple. ¿No es fantástico? Puede que a ojos externos puede parecer insulso, pero al estar (o haberme sentido) tanto tiempo en el vórtice del huracán, me siento sumida en un extraño estado de reconfortamiento. No dejo de asombrarme y de sentirme agradecida.
Aleluya.
Durante años, intuí que la felicidad era la rutina deseada. De tanto escapar a la rutina, por fin he caido en ella. Que suerte la mía!
Escuchando: Walking On Sunshine, de The Pretenders.
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Los universitarios acaban de terminar la diplomatura, y tras tres años de sentarse los unos al lado de los otros, y a falta de viaje de fin de curso, deciden celebrar al menos una cena, ¿no? Lo normal. Esa típica cena en la que se acaba hablando con alguien que se ha sentado día tras día durante meses dos mesas más para allá, pero con quien jamás has entablado una conversación, y en el último momento descubres que es un tío agradable. Si, ese tipo de cenas.
De hecho, a ella ya le había sucedido. En la cena del año pasado, se había pasado la noche entera hablando con un compañero de clase con el que nunca había cruzado ni palabra, y acabaron mirándose el uno al otro medio sonrojados y con sonrisilla boba, pero no sucedió nada más. No se volvieron a ver hasta después del verano, otra vez con el inicio de las clases, y tras el reencuentro después del verano, él supo que ella había vuelto con su novio… y aunque habían congeniado aquella noche, volvieron a la rutina de no hablarse.
Y paso el tiempo, e, inexorablemente, como todo, el curso llegó a su fin; es más, era fin de carrera... Otra cena, ahora con más motivo que nunca. Ella había aprobado todas las asignaturas en ese mes de junio, por lo que probablemente no pisaría de nuevo la facultad. Representaba el fin de una etapa, de un ciclo vital, aunque quizás en ese momento ni ella, ni posiblemente nadie, era totalmente consciente.
Casualidades de la vida, en la cena, celebrada en la típica tasca horrorosa con olor a fritanga, él y ella se sentaron juntos. Ella, como en todos los meses de junio, lo ha dejado con su novio, esta vez definitivamente (de momento…). Él tampoco tiene pareja, o al menos, así lo declara. Se miran con el rabillo del ojo. Y, espontáneamente, renace la sonrisilla boba y el brillo pícaro en la mirada entre ambos.
Cantan juntos canciones de Sabina y se cuentan cotilleos… Me lo quiero ligar, piensa ella, de repente, como quien hace por sorpresa un gran descubrimiento, con todo el desparpajo y la caradura de quienes tienen 21 años. No es guapa, pero cuando quiere puede llegar a ser bastante simpática y hasta graciosa, que al fin y al cabo, son las armas de seducción naturales de quienes no son demasiado agraciados…. Así que disimuladamente, se pega a él, coquetea, ríe y sonríe, le hace observaciones ingeniosas, o al menos lo procura.
La cena ha acabado, y el grupo de estudiantes (o exestudiantes) se van de copas, o de cachis, o de lo que caiga. El Barrio Húmedo está abarrotado de gente, no cabe ni un alma en ningún bar. Entran y salen de los garitos, piden una copa, y otra, ¿porque no?. Total, la noche es joven, y ellos también.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la chica para hacerle ver a él que es estupenda y que lo mejor que le podría pasar en su vida es enrollarse con una chica como ella, no parece que el chico se dé por aludido. Ya sea por timidez o puro desinterés, él no se muestra todo lo receptivo que ella quisiera, y ella se desilusiona… Están todos en La Sal, garito-sótano, donde todo el mundo habla con todo el mundo, está hasta los topes, hace muchísimo calor y no hay quien se mueva, pero por alguna razón desconocida e incomprensible, a ella le encanta ese bar… Allí, viendo y de nuevo comprobando la pasividad de su noligue, se autodeclara vencida y derrotada, y decide, aunque le pesa, abandonar su objetivo. Opta, por tanto, por disfrutar de ese pub que tanto le gusta, y se empieza a pasear (con dificultad, eso si) entre la multitud que abarrota el lugar… Está ligeramente tocada por el alcohol, y a pesar del gentío, disfruta de la música y del ambiente.
De repente, se le planta delante un chico, desconocido, en medio de la pista, y no la deja pasar. Le dice una tontería, y ella contesta otra. Se ríen. Vuelven a decirse una par de bobadas, y se vuelven a reír. Al cabo de un rato, y sin saber cómo ha sucedido, ella nota el húmedo contacto de su lengua dentro de su boca. Maquinalmente, se deja llevar, no lo piensa demasiado… Pero de repente, vuelve a la realidad, como quien se despierta de un sueño, y se acuerda de él, del chico que le gustaba, y le invade la angustia al pensar que puede estar viéndola besándose con otro. Además, ¡que ella no quería besarse con este, que se quería besar con el otro, hombre!! Se despega del "besador" con un ligero empujón, y medio disimulando, se acerca hacia donde está él.
Él está apoyando su espalda contra la barra del bar, mientras se está bebiendo un cubata, hablando con una chica, otra compañera de clase. Ella se acerca como quien no quiere la cosa.. Que no lo haya visto, que no me haya visto!, piensa, nerviosa…
- Hola.. ¿qué? ¿Como vamos?
Él la mira, y se medio se ríe.
- Pues no tan bien como a ti.. ¿Y ese quien es?
Ella quiere morirse al oír sus palabras…
- Pues, nadie, si no le conozco.. ha sido una tontería…
- Te vas besando con cualquiera, ¿o qué?
Imbecil, ¿eres tonto de remate o qué? pensó ella. Y de repente decide que total, que de perdidos al río. Ya le da igual.
- Es que como quien me gustaría que me hiciese caso pasa de mí, así que me he de consolar con el primero que pasa…
- Mira, Elena, si hay algún chico que te gusta y no te hace caso habría que darle una bofetada.
Y… de repente, mi inconsciente fue más rápido que yo. Me quede tan perpleja ante sus palabras, que reaccioné de manera total y completamente instintiva. Sin decir nada, mirándolo fijamente, levanté la mano derecha a la altura de su cara, y con un hábil, rápido y eficaz movimiento de muñeca, estampé con fuerza la palma de mi mano en su mejilla. Él, tras esto, se queda mirándome, alucinado, con los ojos completamente abiertos, y también sin hablar, me coge con fuerza de la nuca, me arrastra hacia él y me da el mejor besazo que me ha dado nunca nadie (en un bar). Cierro los ojos y me siento teletransportada a otro lugar, casi no me puedo creer la suerte que tengo. Cuando por fin despegamos labios y nos abrazamos, riendo, no puedo dejar de mencionar la cara de incomprensión y de total perplejidad de la compañera de clase con quien estaba hablando él antes de que yo irrumpiera en medio de su conversación…
Ays…
Y así es como me dieron uno de los más memorables besos de mi vida, de mis casi 30 años de existencia.. Que no el mejor, que quede claro, porque los mejores besos de mi vida los estoy recibiendo cada noche desde hace 9 meses (Calamaro forever!!) ... El beso de este post pertenece a ese tipo de besos que, cuando eres abuela, los recuerdas con tus nietas con una sonrisilla traviesa y con un brillo pícaro en los ojos… No porque sean de amor, ni porque sean excesivamente lujuriosos ni pasionales, sino porque van acompañados de otro tipo de intríngulis… Un poco de misterio, o de complicidad, o de cariño, o de química, o de diversión… Ya me entendéis…
"que siete vidas tiene un gato seis vidas ya he quemado, y la última la quiero vivir a tu lado."
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