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Qué beso el de aquella noche

Por Elena - 8 de Febrero, 2008, 14:54, Categoría: Anecdotario

Los universitarios acaban de terminar la diplomatura, y tras tres años de sentarse los unos al lado de los otros, y a falta de viaje de fin de curso, deciden celebrar al menos una cena, ¿no? Lo normal. Esa típica cena en la que se acaba hablando con alguien que se ha sentado día tras día durante meses dos mesas más para allá, pero con quien jamás has entablado una conversación, y en el último momento descubres que es un tío agradable. Si, ese tipo de cenas.

De hecho, a ella ya le había sucedido. En la cena del año pasado, se había pasado la noche entera hablando con un compañero de clase con el que nunca había cruzado ni palabra, y acabaron mirándose el uno al otro medio sonrojados y con sonrisilla boba, pero no sucedió nada más. No se volvieron a ver hasta después del verano, otra vez con el inicio de las clases, y  tras el reencuentro después del verano, él supo que ella había vuelto con su novio… y aunque habían congeniado aquella noche, volvieron a la rutina de no hablarse.

Y paso el tiempo, e, inexorablemente, como todo, el curso llegó a su fin; es más, era fin de carrera... Otra cena, ahora con más motivo que nunca. Ella había aprobado todas las asignaturas en ese mes de junio, por lo que probablemente no pisaría de nuevo la facultad. Representaba el fin de una etapa, de un ciclo vital, aunque quizás en ese momento ni ella, ni posiblemente nadie, era totalmente consciente.

Casualidades de la vida, en la cena, celebrada en la típica tasca horrorosa con olor a fritanga, él y ella se sentaron juntos. Ella, como en todos los meses de junio, lo ha dejado con su novio, esta vez definitivamente (de momento…). Él tampoco tiene pareja, o al menos, así lo declara. Se miran con el rabillo del ojo. Y, espontáneamente, renace la sonrisilla boba y el brillo pícaro en la mirada entre ambos.  

Cantan juntos canciones de Sabina y se cuentan cotilleos… Me lo quiero ligar, piensa ella, de repente, como quien hace por sorpresa un gran descubrimiento, con todo el desparpajo y la caradura de quienes tienen 21 años. No es guapa, pero cuando quiere puede llegar a ser bastante simpática y hasta graciosa, que al fin y al cabo, son las armas de seducción naturales de quienes no son demasiado agraciados…. Así que disimuladamente, se pega a él, coquetea, ríe y sonríe, le hace observaciones ingeniosas, o al menos lo procura.

La cena ha acabado, y el grupo de estudiantes (o exestudiantes) se van de copas, o de cachis, o de lo que caiga. El Barrio Húmedo está abarrotado de gente, no cabe ni un alma en ningún bar. Entran y salen de los garitos, piden una copa, y otra, ¿porque no?. Total, la noche es joven, y ellos también.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la chica para hacerle ver a él que es estupenda y que lo mejor que le podría pasar en su vida es enrollarse con una chica como ella, no parece que el chico se dé por aludido. Ya sea por timidez o puro desinterés, él no se muestra todo lo receptivo que ella quisiera, y ella se desilusiona… Están todos en La Sal, garito-sótano, donde todo el mundo habla con todo el mundo, está hasta los topes, hace muchísimo calor y no hay quien se mueva, pero por alguna razón desconocida e incomprensible, a ella le encanta ese bar… Allí, viendo y de nuevo comprobando la pasividad de su noligue, se autodeclara vencida y derrotada, y decide, aunque le pesa, abandonar su objetivo. Opta, por tanto,  por disfrutar de ese pub que tanto le gusta, y se empieza a pasear (con dificultad, eso si) entre la multitud que abarrota el lugar… Está ligeramente tocada por el alcohol, y a pesar del gentío, disfruta de la música y del ambiente.

De repente, se le planta delante un chico, desconocido, en medio de la pista, y no la deja pasar. Le dice una tontería, y ella contesta otra. Se ríen. Vuelven a decirse una par de bobadas, y se vuelven a reír. Al cabo de un rato, y sin saber cómo ha sucedido, ella nota el húmedo contacto de su lengua dentro de su boca. Maquinalmente, se deja llevar, no lo piensa demasiado… Pero de repente, vuelve a la realidad, como quien se despierta de un sueño, y se acuerda de él, del chico que le gustaba, y le invade la angustia al pensar que puede estar viéndola besándose con otro. Además, ¡que ella no quería besarse con este, que se quería besar con el otro, hombre!! Se despega del "besador" con un ligero empujón, y medio disimulando, se acerca hacia donde está él.

Él está apoyando su espalda contra la barra del bar, mientras se está bebiendo un cubata, hablando con una chica, otra compañera de clase. Ella se acerca como quien no quiere la cosa.. Que no lo haya visto, que no me haya visto!, piensa, nerviosa…

 - Hola.. ¿qué? ¿Como vamos?

Él la mira, y se medio se ríe.

- Pues no tan bien como a ti.. ¿Y ese quien es?

Ella quiere morirse al oír sus palabras…

- Pues, nadie, si no le conozco.. ha sido una tontería…

- Te vas besando con cualquiera, ¿o qué?

Imbecil, ¿eres tonto de remate o qué? pensó ella. Y de repente decide que total, que de perdidos al río. Ya le da igual.

- Es que como quien me gustaría que me hiciese caso pasa de mí, así que me he de consolar con el primero que pasa…

- Mira, Elena, si hay algún chico que te gusta y no te hace caso habría que darle una bofetada.

Y… de repente, mi inconsciente fue más rápido que yo. Me quede tan perpleja ante sus palabras, que reaccioné de manera total y completamente instintiva. Sin decir nada, mirándolo fijamente, levanté la mano derecha a la altura de su cara, y con un hábil, rápido y eficaz movimiento de muñeca, estampé con fuerza la palma de mi mano en su mejilla. Él, tras esto, se queda mirándome, alucinado, con los ojos completamente abiertos, y también sin hablar, me coge con fuerza de la nuca, me arrastra hacia él y me da el mejor besazo que me ha dado nunca nadie (en un bar). Cierro los ojos y me siento teletransportada a otro lugar, casi no me puedo creer la suerte que tengo. Cuando por fin despegamos labios y nos abrazamos, riendo, no puedo dejar de mencionar la cara de incomprensión y de total perplejidad de la compañera de clase con quien estaba hablando él antes de que yo irrumpiera en medio de su conversación…

Ays…

Y así es como me dieron uno de los más memorables besos de mi vida, de mis casi 30 años de existencia.. Que no el mejor, que quede claro, porque los mejores besos de mi vida los estoy  recibiendo cada noche desde hace 9 meses (Calamaro forever!!) ... El beso de este post pertenece a ese tipo de besos que, cuando eres abuela, los recuerdas con tus nietas con una sonrisilla traviesa y con un brillo pícaro en los ojos… No porque sean de amor, ni  porque sean excesivamente lujuriosos ni pasionales, sino porque van acompañados de otro tipo de intríngulis… Un poco de misterio, o de complicidad, o de cariño, o de química, o de diversión… Ya me entendéis…

"que siete vidas tiene un gato
seis vidas ya he quemado,
y la última la quiero vivir a tu lado."

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