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La rutina deseada

Por Elena - 12 de Febrero, 2008, 10:40, Categoría: Hoy

Hoy he estado leyendo mi blog y me doy cuenta que hace mucho que no escribo sobre mi, sobre mis sentimientos, sobre mi vida normal...

Lo cierto es que ahora mismo, desde que vivo en Montmeló, tengo una vida absolutamente normal, absolutamente rutinaria, aburrida, quizás, inclusive.

Pero lo cierto es que soy muy feliz. Si, lo puedo decir, lo proclamo. Soy asquerosamente feliz. Casi me dan ganas de pedir disculpas. Veo en la televisión las desgracias ajenas, a gente de países lejanos pasando hambre, a gente que vive a dos pasos de mi casa pasando penurias, y la culpabilidad me golpea las paredes del estomago. Pero que le voy a hacer. Soy feliz. No puedo evitarlo. Siento el egoísmo, de verdad que lo siento. Quizás tendría que tener más conciencia social, salir de la burbuja rosa en la cual me he sumergido. Tendría que rebelarme contra la esclavitud capitalista impuesta. Pero, simplemente, no me apetece.

En cierto modo, creo que me lo merezco. Lo he pasado mal. Es mi recompensa vital. Lamento el ombliguismo, pero he estado durante tanto tiempo vacía, que ahora me relamo de gloriosa plenitud. No se puede ignorar, quien sabe cuanto tiempo permanecerá.

No tengo mucho dinero, he de hacer números con la calculadora para llegar a fin de mes. No puedo hacer grandes viajes, no comprarme los últimos modelitos. Pero vivo bien, sin lujos pero sin carencias. Leo los libros que me gustan. Escucho la música que me apetece. Como la comida que quiero. Hago (dentro de mis posibilidades) lo que deseo. Trabajo contenta en la editorial (a pesar de ciertas nubes de quiebra empresarial que nos rondan, pero bueno, eso en otra ocasión las contaré…). No tengo grandes ambiciones, tan sólo aspiro a que el domingo haga buen tiempo para poder pasear por el campo en mi bicicleta nueva. Y, sobre todo, la persona con la que comparto mi vida me encanta, me llena, me complementa.

Soy simple. Mi vida es simple. ¿No es fantástico? Puede que a ojos externos puede parecer insulso, pero al estar (o haberme sentido) tanto tiempo en el vórtice del huracán, me siento sumida  en un extraño estado de reconfortamiento. No dejo de asombrarme y de sentirme agradecida.

Aleluya.

Durante años, intuí que la felicidad era la rutina deseada. De tanto escapar a la rutina, por fin he caido en ella. Que suerte la mía!

Escuchando: Walking On Sunshine, de The Pretenders.


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