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Mi más sincero post-aplauso

Por Elena - 10 de Abril, 2008, 17:07, Categoría: Hoy


Ayer por la tarde me acerqué a casa de una amiga. Como ella llegaba a casa más tarde de lo que había llegado yo, decidí tomarme un té en un café (qué paradoja, ¿no? té en un café… ¿querrá decir algo? mmmhhh.. bueno, vale, ya me callo, que cuando me da por divagar soy insoportable) cerca del portal de su casa.

Entré en el establecimiento y me senté en una de las mesitas blancas, con ceniceros a juego. Saqué mi libro del bolso y me dispuse a ponerme a leer, cuando ví con el rabillo del ojo un letrerito en el que se leía "Pida su consumición en la barra". Como yo muy rebelde no soy y tiro más bien a sumisa, me levanté, y me acerqué a la camarera, que tras la mencionada barra del bar, ponía hábil y afanosamente tres cafés (como mínimo) a la vez. Me fije que no había nadie más de personal en el café. No pude más que quedarme fascinada viendo como la chica ponía cafés, cobraba a los clientes, ponía galletitas saladas en platos de postre y extendía cambios con una rapidez y una desenvoltura que ya las quisiera ya para mí. Quizás el hecho no parezca demasiado extraordinario (que una chica sola trabaje con soltura detrás de la barra de un bar) si no fuera porque la chica era manca. Le faltaba la mano izquierda; más concretamente, lucía muñón sin complejos a partir de la mitad del antebrazo.

No lo puedo evitar: el disimulo no es lo mío, y cuando algo me llama la atención, me quedó pasmada mirando fijamente sin ningún tipo de pudor. Juro que me quedé embobada con el desparpajo de movimientos de su única mano, realizando el trabajo a la misma (o superior) velocidad que cualquiera que tuviera las dos manos. Mientras me sirvió y me tomé el té procuré no quedármela mirando tan descaradamente, pero no pude dejar de observarla.

Espero que comprendan tanta fijación súbita: era pura admiración lo que la chica despertaba, y no morbo por un muñón. Me admira, admiro, todas aquellas personas que, con alguna incapacidad física o mental, son capaces de enfrentarse a la vida con un par de lo que hay que tener, trabajar (con lo duro y pesado que nos es a todos trabajar), y encima, sin ayuda; que son capaces de superarse, de ser autosuficientes; de que aunque la vida les haya jugado una mala pasada en forma de enfermedad o de accidente, pueden y quieren y luchan por tener una vida normal, como uno más, no dejándose llevar por la autocompasión. Los admiro. Admiro a este tipo de personas, luchadoras y valientes, con toda mi alma. Admiro a aquellos que aunque estén enfermos, no dejan de ir al cine, de compras, a bailar. A aquellos que, aunque vayan en silla de ruedas o en muletas, no dejan de hacer excursiones, de tomar cañitas en terrazas, de ir a clase de inglés de 6 a 7:30 los martes y los jueves.

Me viene a la mente KD. Cuando nos mudamos, mi hermana mayor se hizo muy amiga de un compañero de instituto. Esto no tendría nada de particular (mi hermana es un ser sociable, de verdad, no os miento), sino fuera porque el chico en cuestión era (es) tetrapléjico de nacimiento. Recuerdo que KD venía muchas veces a casa, acompañado de su hermano P, quien era un año más pequeño que yo. Para cenar, mi madre tenía que preparar cosas blanditas, porque no podía masticar bien, ni podía comer demasiado, pues al no hacer ningún tipo de esfuerzo físico engordaba con mucho facilidad. A mi KD me impresionó muchísimo, no sólo por su condición física (que también) sino por su terrible buen humor. Se reía de él mismo y en plan de broma siempre amenazaba con levantarse de la silla. Si le colocabas un lápiz en los labios, dibujaba coches con una precisión escalofriante. Cuando se marchaban él y su hermano P, a mi madre irremediablemente se le caían las lágrimas... Mi hermana reñía a mi madre y le decía: No has de tenerle pena. ¿No ves que es nuestro igual? Y mi madre contestaba: Yo lloro por su madre, que es mi igual.

Pero el gran mérito de KD era (es) su gran capacidad de esfuerzo en su vida diaria. Este chico, tetraplejico, no sólo fue a clase presencial al instituto todos los días, sino que, además, cuando acabó COU, se matriculó en la Universidad. Cada día mientras cursó la carrera cogió el tren de Cercanías, ayudado por compañeros que también iban a la Universidad, desafiando escalones, vagones, escaleras mecánicas y todo tipo de barreras arquitectónicas. Todos los exámenes les hizo orales (¿como sino?). Finalmente se licenció en Física. Por la noche salía a las discotecas, y si la daban de beber y de fumar, pues bebía y fumaba como uno más. Hoy día, ha montado su propia empresa. ¿Suerte? ¿Qué le han ayudado las autoridades por su minusvalía? Y un cuerno. La respuesta es la constancia. El trabajo. La voluntad.

No todo era buen humor. Una de las penas de KD era la idea de que ninguna chica le querría nunca como hombre, que ninguna chica se enamoraría nunca de él por su condición. Debe de ser terrible ser consciente de esta idea.

Recuerdo que una tarde-noche, estando en mi casa, llamaron al timbre de la puerta unos testigos de Jehová.. Mi madre les abrió sin darse cuenta y empezaron a darle la chapa.. Nosotros estábamos en el comedor y KD nos dijo: Esperad que salgo yo a hablar con los testigos para que se vayan... Recuerdo que les dijo: Si Dios existiera realmente, ¿por qué ha permitido que naciera así? Los testigos de Jehová no supieron que contestar y se fueron. Yo tenía unos 14/15 años y me impresionó muchísimo la escena, la situación. La recuerdo perfectamente. Creo que mi particular disyuntiva "creo/no creo en Dios" empezó justamente en ese punto.

La amistad de mi hermana con KD duró unos 10 años... Luego se fue diluyendo y desde hace unos pocos años no le he vuelto a ver. Me gustaría volver a verle para decirle que, posiblemente, ahora que soy adulta, me he dado cuenta que es una de las personas que más me ha impresionado conocer y que me ha impactado positivamente. Conocer a KD ha influido en que valore mucho mi salud, mi autonomía, la voluntad personal (de esto último yo no tengo, pero considero que es el motor que mueve el mundo). Ha influido en que me guste la gente que se curra las cosas, y antes de envidiar nada, me lo curraré yo también. Ha influido para que no llore por lo que no tengo, y para que me alegre por las cosas que si tengo.

Pero me conozco, y sé que aunque la vida me diera la oportunidad de volverle a ver, no le diría nada. Soy así de tonta.

Mi más sincero post-aplauso a aquellos, que aunque la vida, la (mala) suerte, el destino, o llamalo X, se lo ha puesto más difícil que a los demás, son capaces de encarar las circunstancias con buen ánimo y la frente bien alta. Nunca me cansaré de manifestar lo impresionantes como ser humanos que me parecen.

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