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Si cuando acabes el post, sabes mi estado de ánimo, te doy cinco duros

Por Elena - 18 de Abril, 2008, 8:36, Categoría: Hoy

 

Calamaro apareció cuando ya no esperaba a nadie. Cuando ya estaba convencida de que nunca me enamoraría y ya ni siquiera me dolía la idea de quedarme el resto de mi vida sin pareja. Pero de repente, un día cualquiera llamó al timbre de casa, y no se marchó nunca más.

Las cosas buenas son así. Aparecen. No las buscas, y de repente: plof!! como una seta!! Ahí están!! Has estado esperándolas tanto tiempo que, cuando aparecen, te invade una sensación de incredulidad: "ya está? Ya lo tengo? No puede ser…" Y pasa tiempo hasta que asumes que sí, que realmente, esta vez si has tenido buena suerte.

Yo, por ejemplo, persona gafe por naturaleza, estoy flipando de la buena estrella que tengo desde hace más o menos un año. Apareció Calamaro. Apareció trabajo. Apareció un piso. De repente. Todo de repente.

Obviamente, todo esto es relativo. Que las cosas buenas aparezcan de repente, no quiere decir que no sean, en realidad, producto de un trabajo de fondo.

Ahora, ha aparecido otra cosa de repente. Un trabajo. Un buen trabajo. En un buen sitio. Ha sido todo tan rápido, que aún no lo he asumido.

El nuevo empleo ha aparecido por una razón. La raíz de los hechos es que la crisis económica, esa que parecía que era como de mentira, es muy real. La editorial médica no está pasando un buen momento. Congelaron sueldos en enero. A mi jefe directo le despidieron en marzo. A una compañera no la renovaron en febrero. A mí se me acaba el contrato en junio, y entonces puede pasar dos cosas: o indefinida, o a la puta rue.

En noviembre de 2006 (si se desea, pueden consultar los archivos del blog), estaba absolutamente en el mismo punto. En aquella ocasión, también llevaba un año en la empresa y se me acababa el contrato, lo que significaba o que me hacían indefinida o que me invitaban a conocer a INEM, ese organismo amigo de los desgraciados, digo, de los desempleados. Y el resultado fue que conocí al INEM. Mu majo, por cierto, mu fino y mu educao. Al principio, estar en el paro fue… estimulante? Pero luego fue un infierno. Lo pasé muy mal estando en el paro. Resultó ser uno de los peores tragos de mi vida. Psicológicamente me destrozó afectó, y mucho.

Como junio está a la vuelta de la esquina, y la posibilidad de que me pueda pasar lo mismo que entonces es real, opté por enviar un par de curriculums. Cualquier cosa antes de volver al paro. En plan chulapa, eso sí. A sitios en los que pagan más que en el que estoy. A medida de que se fuera acercando junio, la fecha temida, ya bajaría el listón económico si fuera necesario, pero estando todavía con trabajo, ni de coña.

El otro día me llamaron de un sitio, que no diré su nombre, pero es un organismo vinculado con la tecnología. Muy buen sitio, muy buena empresa. Muy buenas condiciones económicas y laborales, las cuales son sensiblemente mejores que las que tengo hoy día en la editorial. Me sorprendió mucho que me llamaran para hacer la entrevista, porque aunque tengo experiencia como documentalista en muy diversas empresas (bancos de imágenes, farmacéuticas, agencias de comunicación, centros jurídicos y editoriales), de tecnología nunca había tocado nada. Hice la entrevista el miércoles a las 18h. Duró media hora. Fuí medio en broma, pensando que mis posibilidades tiraban de nulas a inexistentes, pero que por ir, no perdía nada. Pues bien, el jueves (ayer) a primera hora de la mañana leí mis emails, y había uno de las 18:40. De ellos. Que era la candidata seleccionada. Que les había encantado. (¿Qué les he encantado? ¿Yo? ¿Ein? Pero, por Dios, el resto de candidatos, ¿cómo eran???)

Así, sin más.

He hablado con ellos por teléfono y he dicho que sí. Que me hagan sitio, un huequecillo, que me voy p"allá.

Sin embargo, estoy acojonada. No estoy convencida de lo que estoy haciendo. Porque yo en la editorial estoy muy contenta, feliz de la vida. Me gusta el trabajo, el ambiente, los compañeros, hago bien mi trabajo y me siento valorada. ¿Y si me voy y lo hago mal y me despiden? Pero… ¿y si me quedo y me despiden? Y, además, siendo realista y materialista… la realidad es que… ¡me pagan 4.000 euros brutos más al año!! En nuestro pequeño y humilde y proletario hogar, es una cantidad que no se puede despreciar… No es que vayamos muy mal, pero vaya, nadar en la abundancia, como que tampoco… Además, si hemos de trabajar, o lo que es lo mismo, sacrificar 8 horas de nuestra vida de lunes a viernes, hagámoslo al mejor postor, ¿no?

Mi parte racional impide que me deje llevar por el pánico, y me dice que es lo mejor. Que me deje de penas y de hostias. Si en la editorial me tuvieran que despedir, lo harían sin ningún tipo de miramientos. Es la jungla. La jungla laboral, pero la jungla al fin y al cabo. Nadie garantiza nada. O te lanzas, o te lanzan. Pero tengo miedo. ¿A qué? Pues a llegar y no saber desenvolverme. A no estar a gusto. Si, ya lo sé. Estoy diciendo tantas chorradas en tan poco tiempo que voy para record Guiness. Pero es lo que tienen los miedos y las inseguridades: son irracionales.

Permitan que insista por última vez, pero he de manifestarme: estoy acojonada. A-co-jo-na-da. Acojonada. (Repitan todos conmigo: ¿cómo está Elena? Acojonada.)

En el nuevo sitio empiezo el 5 de mayo. Justo después de volver de vacaciones. Olé.

PD. Por cierto, de vacaciones ¡me voy a Cádiz!


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