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Hacerse mayor

Por Elena - 8 de Agosto, 2008, 9:00, Categoría: Hoy

¿Y no te pasa nunca que un día te miras al espejo y te percatas, acojonado, que te pareces muchísimo a tu madre/padre, incluso en todas esas cosas que criticabas, y de repente, te das cuenta, que sin saber cómo ni porqué, tienes las mismas reacciones que ellos?

Cada vez me veo más fiel reflejo de mi madre, y eso me sorprende y me inquieta. Me doy cuenta que tengo el mismo sarcasmo duro procedente de la sinceridad que ella. La misma tendencia a la tristeza. La misma tendencia a la timidez, a no querer destacar. Que todas las manías que había criticado de ella antes, son las mismas que las mías ahora: pensar demasiado en negativo, excesivamente prudente, miedosa, rozando la intolerancia en ciertos sentidos.

Sé que los últimos acontecimientos de estos últimos meses me han hecho una mella más profunda de lo que pueda parecer a simple vista, y es lo que han provocado que me haya convertido en el ser nervioso que soy ahora. En estos últimos dos años he pasado por cuatro trabajos distintos y he estado en el paro. Y ahora, me doy cuenta que con todo esto de escuchar hablar de tanta crisis económica a mi alrededor, se me ponen los pelos de punta. El 30 de enero se me acaba el contrato, en teoría me han de hacer indefinida. ¿Y si no me recuevan? ¿Otra vez en la puta calle? Odio la inestabilidad laboral, la odio. Es lo que me crea más inseguridad del mundo. Y a lo que iba: me podría tomar las cosas de otra manera, por supuesto. Pero lo curioso del asunto es que he reaccionado como insconcientemente he mamado durante los años de mi infancia, siguiendo el modelo de mi madre: con excesivo miedo, con excesiva prudencia, con excesiva seriedad.

Por ejemplo, con Calamaro habiamos pensado, en nuestras dos semanas de vacaciones, irnos por ahí, darnos un buen viaje, vivir la vida. Pero me da tanto pánico que quizás me pueda quedar en el paro en enero, que pienso: como nos vamos a gastar 3.000 euros en un viaje? Y luego? Y si lo necesitamos luego? Y reculo y convenzo a Calamaro de que no, que mejor que no. Pero lo que me ralla es que por pitos o flautas, mi exceso de prudencia nunca me permita hacer lo que me apetece hacer realmente. Y lo que más rabia me da es que yo antes no era así, era más alegre, más alocada, más valiente (o inconsciente, aceptamos barco). Me echo de menos, coño. ¿Donde estoy?

Por supuesto, quiero dejar claro que no es cierto que mi madre sólo tenga cosas malas, es más, de hecho, es un abanico de virtudes. Es inteligente, muy culta, sencilla, sensata, sin tonterías en la cabeza, clara y precisa. Odia la idea de ser una molestia, y nunca ha perdido las ganas de aprender. Ha sido muy buena madre, muy paciente, y ahora es una excelente oyente de mis no quejidos. De adulta, le he descubierto un encanto especial, muy divertido, que desgraciadamente no le supe ver de más joven.

Quisiera ser poder selectiva, quedarme con lo que me gusta y con lo que no. Quiero ser alegre, valiente, sensata, sin hacer el memo, disfrutar realmente de la vida. ¿Es posible? ¿Llegaré a ser algún día la persona que me gustaría ser? La experiencia me dice que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento, pero los meses pasan con furia endiablada, y a veces no sucede lo que debería suceder... 

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