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Cuentos

Qué mala es la cordura

Por Elena - 30 de Octubre, 2008, 16:44, Categoría: Cuentos

De lunes a viernes, yo no soy yo, ni Calamaro es Calamaro. Yo me transformo en Lola Flores y él en Antonio Molina, entonamos coplas, nos regalamos claveles y comemos jamón serrano. Yo luzco el vestido de lunares como nadie y él deslumbra con su camisa blanca, y bailamos zapateados encima de la mesa del comedor, ante la atenta mirada de la gata.

Durante el fin de semana, yo no soy yo, ni Calamaro es Calamaro. Yo me transformo en Montserrat Caballé y él en Plácido Domingo. Yo me visto con vestidos de gasas brillantes y él con fracs hechos a medida, y entonamos arias en el balcón, ante la estupefacta mirada de los senegaleses que nos observan desde la ventana del piso de enfrente. Plácido Domingo entona tan bien el Nessun Dorma que estremece a cualquier transeúnte que pasea por la calle, y sus admiradores, encantados, le tiran paquetes de tabaco, que él recoge con la mejor de sus sonrisas.

Cuando no somos ni Lola Flores ni Montserrat Caballé, ni Antonio Molina ni Plácido Domingo, tan sólo somos Elena y Calamaro. Yo me visto con mis vaqueros gastados y él con sus camisetas medio rotas, y cuando llegamos a casa, tras estar 12 horas trabajando, de lo único que tenemos ganas es de tirarnos en el sofá. Yo acurruco mi cabeza bajo su hombro, y allí me quedo mientras sueño con tiempos mejores, en los que podremos disfrutar más de nosotros mismos. Él me abraza y me pregunta qué programa de la tele quiero ver, mientras recalienta la pizza en el horno. Y así pasamos el tiempo, tiernamente rutinarios, mientras añoramos con una sonrisa las coplas rumbosas de Lola y Antonio y las arias de terciopelo de Plácido y Montse.

Qué mala es la cordura, ¿verdad?

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La pareja frutal

Por Elena - 5 de Septiembre, 2008, 13:05, Categoría: Cuentos

Una vez, un novio despechado me dijo que yo era como un melocotón: sabor dulce e imagen de terciopelo, pero que mi corazón era grande y duro como un hueso. Ante tales palabras, me quedé de pasta de boniato, ya que estaba convencida de que yo era como una alcachofa: tras descartar miles de capas inservibles, desvelaba un corazón blandito y bien rico... 

Para vengarme, le acusé de ser un limón: aunque de aspecto refrescante, era tan ácido que ni con mucho azúcar se podía disimular. También le llamé melón: parecía maduro a simple vista, pero resultó estar verde y saber a pepino.

Él contraatacó: Prefiero ser melón a ser una cereza como tú, que a lo único que aspiras es a vivir en pareja. Esta afirmación también me sentó mal, porque mi naturaleza es pura uva: siempre en racimo con mi gente. -Cereza!, me volvió a llamar, y yo, enfadada, le tuve que espetar que se repetía como un ajo, y que cada vez se parecía más a una cebolla, tan empeñado por hacerme llorar.

Así que nos separamos: él ahora es igual que un coco, totalmente impenetrable., y está insoportable como un pomelo. Yo en cambio, conocí a otro chico, burbujeante como el champán, y mágicamente me transformé en una fresa. Ya juntos, optamos por prescindir de las frutas y dejarlas en el pasado, y ahora estamos frescos como lechugas y felices como regalices.

Actualización: Viendo los comentarios, comentaros yo a mis señores lectores que, para desgracia mía, ningún ex mío es ni coco ni pomelo, directamente tan sólo son gilipollas, y a veces ni eso. En fin... no pensaba en nada real cuando escribí esto.. Muchos besos refrescantes para todos!!!

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El barquito de papel de madalenas

Por Elena - 4 de Marzo, 2008, 10:35, Categoría: Cuentos

Juan Dulzón comía tres madalenas diarias, dos en el desayuno y una en la merienda. Las desenvolvía cuidadosamente, cuidando de no romper el papel que las envolvía y, a continuación, los guardaba en un pequeño armarito de madera que había comprado para tal fin. Al cabo de los años, tuvo que comprar otro pequeño armario puesto que el primero estaba absolutamente lleno. Años más tarde, pudo observar satisfecho tras un largo recuento que había alcanzado la cifra de 6.573 (contando tres papeles más en el año bisiesto) papelitos, con esto tendría suficiente para lo que deseaba hacer desde pequeño.

Así, comenzó a grapar los papeles; fue una tarea larga, incluso pesada, pero
Juan Dulzón lo hacía con gusto, sobre todo cuando tras varios días, vio que los papeles se habían terminado y que ya tenía su barquito de papel de madalenas. Se había encargado de limpiar la cubierta del barquito cuidadosamente, no quería que las migas de madalena afearan su magnífica obra.

Ya sólo quedaba montar el barquito en el remolque y llevarlo a la orilla del mar. El miércoles fue el día escogido ¡qué mejor día que un miércoles para hacerlo! Acercando el coche lo máximo a la orilla, no sin trabajo, bajó su barquito y, emocionado por cumplir su sueño, montó en él ayudándose con uno de los remos de madera para despegarse de la firme arena mojada de la orilla. En una hota, estaba en alta mar, surcando las aguas con el barquito de papel de madalena. "¡Tanto tiempo esperando ha valido la pena! Siempre supe que haría algo grande como esto" se dijo para sí
Juan Dulzón. Las gaviotas revoloteaban a su alrededor, mientras la brisa del mar alborotaba sus canas.

Sin embargo, el hombre había olvidado limpiar la parte baja del barco, en donde sí quedaban restos de magdalena. El desgraciado
Juan Dulzón no había caído en la cuenta de que las madalenas eran uno de los alimentos preferidos de los peces mañaneros, especie singular que poblaba esa región marítima. Los peces mañaneros se frotaron las aletas ante tal festín de migas. Los ojos del marinero improvisado no se explicaban de donde venía la enorme sombra que se dibujaba bajo su extravagante barco, pero pudo dar respuesta a su duda cuando una cabecita grisácea y bigotuda asomó por un agujerillo de la cubierta. ¡No, los peces mañaneros estaban devorando su barco!.

Las autoridades que recogieron a
Juan Dulzón en su lancha de rescate, explicaron cómo lo vieron en la lejanía, luchando con todas sus ganas dando remazos a diestra y siniestra. Los esfuerzos fueron inútiles, los hambrientos peces mañaneros se dieron el festín de su vida a costa de las migas del barquito de madalenas del pobre Juan, quien decidió marchar a su casa con un nuevo proyecto en mente: la elaboración de un helicóptero hecho de ositos de gominola de un solo color.

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La anunciación 2.0

Por Elena - 2 de Octubre, 2007, 8:41, Categoría: Cuentos

Todo el mundo ya sabía acabaría la Mari.. Ella, que no cogió un libro en su vida, que hacia pellas continuamente en el cole para que el Charly le echara polvos en los portales levantándole la falda, y que fumaba más porros que el camello mayor del barrio, acabó como su madre: puta reputa.

Un día, sentada en su sillita de plástico de la carretera, paró a su lado un Opel Tigra tuneado, color amarillo fosforito, con unos alerones tan grandes y exagerados que parecía realmente que se trataba de un coche alado....

Del coche baja un chico jovencito, con cara de buenín, con ropa de lino a la moda ibicenca y gafas redondas de metal plateado a lo John Lennon.

Se acerca a ella:

- Hola! Buenos días. ¿Maria?

- ¿Huana? Jajajaja!

- Esto... jejejeje.. qué buen sentido del humor... ¿Eres Maria o no?

- ¿Y quien lo pregunta? ¿Tú quien coño eres?

- Bueno... soy el Arcángel San Gabriel.

- Anda ya! Y yo soy Rocio Jurado, no te jode!

- Pues va a ser que no, porque los ángeles no tenemos sexo..

- Qué lástima, tan joven e impotente... Entonces que haces aqui??

- ¿Eres Maria o no?

- Bueno, si, si , soy la Mari.. ¿Qué pasa?

- Dios te salve, María.

- ¿Llena soy de gracia?

- Pues... sí.

- ¡Mira qué majo! Que agradable el hippy! ¿Y qué quieres, si como has dicho, no tienes sexo?

- Pues... El Espiritú Santo te propone ser la madre de su Hijo.

- ¿La Paloma? ¿Zoofilia? Paso, que me da mal rollo....

- Estooo... ¿No has oido hablar de la Santísima Trinidad?

- Tres? Los trios tienen tarifa especial....

- Hummmppfff.... Creo que no lo entiendes. Has sido elegida para engendrar el segundo Hijo de Dios.

- ¿Y me pasará pensión todos los meses?

- Pues, mira, bonita, no lo sé...

- Pues que cabrón, ¿no? O sea, ¿quiere preñarme y luego pasar de mi cara? Aunque el cheque de los 3.500 euros para madres solteras me vendría muy bien...

- Bueno, mira, yo sólo te lo anuncio. Te arreglas con él... Con que me firmes en el albarán de anuncio, a mi ya me va bien...

- ¿Aquí? Bueno, una crucecilla y arreando, eh? Y largate ya, que me espantas a los clientes!

Si es que segundas partes nunca fueran buenas...

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Depresión busca cuerpo

Por Elena - 21 de Marzo, 2007, 1:47, Categoría: Cuentos

Son las 11 de la mañana. Todavía estoy en pijama, con mi coleta y mis pinzas, y la gata y el conejo corretean a mi alrededor y mordiéndose entre sí. Pienso en regar las plantas, que siempre se me mueren los geranios y me pregunto porque después... "Insight", de Depeche Mode, suena como fondo de la escena, y yo me sumerjo en la música y bailo por la casa....

Ring, Riiiiing

Suena el timbre de casa, y embobada como estoy con la canción de Depeche, me despisto y abro la puerta principal, sin pensar que realmente no espero a nadie a esas horas... Ni siquiera se me ocurre mirar por la mirilla....

Y ahí está ella, mirándome desde el rellano. Muy alta, muy delgada, de inquietantes ojos verdes, pelo rubio mal teñido, falda de tubo hasta la rodilla, tacones y maletín de ejecutivo.

- ¿Eres Elena?

Extrañada con la aparición de la mujer que sabe mi nombre, le contesto asintiendo con la cabeza, desconfiadamente....

- Así que eres tú! Qué alegría!! - y me tiende la mano derecha para estrechar la mía. Parece conocerme de toda la vida, y hago esfuerzos para ubicar su cara en algún momento del pasado, pero sin resultado. Educadamente, respondo al saludo, y aprieto su mano, completamente helada al tacto. La mujer sonrie satisfecha y con tal gesto muestra los dientes.... No puedo evitar dar un respingo.. Los tiene completamente podridos. Asqueada, me suelto disimuladamente y le pregunto:

- Y usted es.... ???

- No me invitas a entrar?

- Pues no. - ¡Vaya morro que tiene la tipeja esta!! - Lo siento, estoy muy ocupada. - Sé que justamente estando en pijama no doy una imagen de exceso de trabajo, pero me da completamente igual y cierro la puerta. O al menos lo intento, porque un pie enfundado en un zapato de tacón se cuela hábilmente entre el marco de la puerta y ésta. Y oigo:

- Elena, soy una depresión, y quiero instalarme en tu cuerpo - Ante estas palabras, abro la puerta de par en par y la miro atentamente:

- Estás loca.

Me mira inquisitoriamente ella a mi: - Estoy loca? ¿Estás segura? - Comienza a sacar unos papeles del maletín, y empieza a leerlos... : - A ver, Elena A., 29 años, nula situación laboral, confusión existencial, sentimientos de culpa, incertidumbre sentimental... ¿sigues pensando que estoy loca?

- ¿Cómo sabes tanto de mí?

- ¿De verdad crees que el Meteosat sólo sirve para controlar la meteoreología, querida?

Coño.

- ¿Y qué quieres exactamente? ¿Instalarte en mi cuerpo? ¿Para qué? ¿Qué ganas tú? ¿Y qué gano yo?

- Comprende, Elena, que soy una depresión, y que si no funciono desde dentro de un cuerpo, no tengo mucha razón de ser... Yo gano razón de ser y cumplo mi trabajo.Y tú ganas dejar de esforzarte, tener excusas para no luchar, para no levantarte por la mañana, para dar pena y que cuiden de tí, que te lo mereces... ¿Acaso no deseas que cuiden de tí? Además, es completamente indoloro. La instalación se procesaría de manera automática. Ni te enteraras.

Titubeo. Claro que deseo que cuiden de mí! Pero no así.. ¿con una depresión? ¿Desde cuando se elige tener una depresión?

- ¿Y no puedo elegir otra depresión? ¿Tienes que ser tú por obligación? ¿No existe un catálogo de depresiones a la carta o algo parecido?

- Desde nuestro Centro de Datos de Estados de Ánimo, yo soy la depresión que mejor se ajusta a tu personalidad y circunstancias vitales.

Coño de nuevo. Estoy anonadada. Pero....

- No, mira, gracias, srta. Depresión, pero no... No me apetece ahora mucho mismo....

- ¿Estás segura? Mira que tengo muchos otros cuerpos candidatos.... ¡Son las 11 de la mañana y estás en pijama!!

Joder con la mamarracha esta, tirando a dar.

- Si, si, estoy segura. ¡Segurísima!!!

Me tiende la mano otra vez y se la vuelvo a estrechar. Sigue teniendo la mano helada.

- Pues nada, Elena, es una lástima.. Seguro que nos hubiera ido muy bien a las dos juntas. Un placer...

- Si, si, igualmente. Adiós.

Y cierro la puerta. Temblando, apoyo la espalda contra la pared. La próxima vez miraré por la mirilla y no te abriré, so zorra, pienso. E intentando olvidar lo más rápidamente la visita, me dispongo a regar de una buena vez los geranios..

Luce el sol.

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