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Atención! Y la estrella invitada es....
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Cuentos
Juan Dulzón comía tres madalenas diarias, dos en el desayuno y una en la merienda. Las desenvolvía cuidadosamente, cuidando de no romper el papel que las envolvía y, a continuación, los guardaba en un pequeño armarito de madera que había comprado para tal fin. Al cabo de los años, tuvo que comprar otro pequeño armario puesto que el primero estaba absolutamente lleno. Años más tarde, pudo observar satisfecho tras un largo recuento que había alcanzado la cifra de 6.573 (contando tres papeles más en el año bisiesto) papelitos, con esto tendría suficiente para lo que deseaba hacer desde pequeño.
Así, comenzó a grapar los papeles; fue una tarea larga, incluso pesada, pero Juan Dulzón lo hacía con gusto, sobre todo cuando tras varios días, vio que los papeles se habían terminado y que ya tenía su barquito de papel de madalenas. Se había encargado de limpiar la cubierta del barquito cuidadosamente, no quería que las migas de madalena afearan su magnífica obra.
Ya sólo quedaba montar el barquito en el remolque y llevarlo a la orilla del mar. El miércoles fue el día escogido ¡qué mejor día que un miércoles para hacerlo! Acercando el coche lo máximo a la orilla, no sin trabajo, bajó su barquito y, emocionado por cumplir su sueño, montó en él ayudándose con uno de los remos de madera para despegarse de la firme arena mojada de la orilla. En una hota, estaba en alta mar, surcando las aguas con el barquito de papel de madalena. "¡Tanto tiempo esperando ha valido la pena! Siempre supe que haría algo grande como esto" se dijo para sí Juan Dulzón. Las gaviotas revoloteaban a su alrededor, mientras la brisa del mar alborotaba sus canas.
Sin embargo, el hombre había olvidado limpiar la parte baja del barco, en donde sí quedaban restos de magdalena. El desgraciado Juan Dulzón no había caído en la cuenta de que las madalenas eran uno de los alimentos preferidos de los peces mañaneros, especie singular que poblaba esa región marítima. Los peces mañaneros se frotaron las aletas ante tal festín de migas. Los ojos del marinero improvisado no se explicaban de donde venía la enorme sombra que se dibujaba bajo su extravagante barco, pero pudo dar respuesta a su duda cuando una cabecita grisácea y bigotuda asomó por un agujerillo de la cubierta. ¡No, los peces mañaneros estaban devorando su barco!.
Las autoridades que recogieron a Juan Dulzón en su lancha de rescate, explicaron cómo lo vieron en la lejanía, luchando con todas sus ganas dando remazos a diestra y siniestra. Los esfuerzos fueron inútiles, los hambrientos peces mañaneros se dieron el festín de su vida a costa de las migas del barquito de madalenas del pobre Juan, quien decidió marchar a su casa con un nuevo proyecto en mente: la elaboración de un helicóptero hecho de ositos de gominola de un solo color.
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Todo el mundo ya sabía acabaría la Mari.. Ella, que no cogió un libro en su vida, que hacia pellas continuamente en el cole para que el Charly le echara polvos en los portales levantándole la falda, y que fumaba más porros que el camello mayor del barrio, acabó como su madre: puta reputa.
Un día, sentada en su sillita de plástico de la carretera, paró a su lado un Opel Tigra tuneado, color amarillo fosforito, con unos alerones tan grandes y exagerados que parecía realmente que se trataba de un coche alado....
Del coche baja un chico jovencito, con cara de buenín, con ropa de lino a la moda ibicenca y gafas redondas de metal plateado a lo John Lennon.
Se acerca a ella:
- Hola! Buenos días. ¿Maria?
- ¿Huana? Jajajaja!
- Esto... jejejeje.. qué buen sentido del humor... ¿Eres Maria o no?
- ¿Y quien lo pregunta? ¿Tú quien coño eres?
- Bueno... soy el Arcángel San Gabriel.
- Anda ya! Y yo soy Rocio Jurado, no te jode!
- Pues va a ser que no, porque los ángeles no tenemos sexo..
- Qué lástima, tan joven e impotente... Entonces que haces aqui??
- ¿Eres Maria o no?
- Bueno, si, si , soy la Mari.. ¿Qué pasa?
- Dios te salve, María.
- ¿Llena soy de gracia?
- Pues... sí.
- ¡Mira qué majo! Que agradable el hippy! ¿Y qué quieres, si como has dicho, no tienes sexo?
- Pues... El Espiritú Santo te propone ser la madre de su Hijo.
- ¿La Paloma? ¿Zoofilia? Paso, que me da mal rollo....
- Estooo... ¿No has oido hablar de la Santísima Trinidad?
- Tres? Los trios tienen tarifa especial....
- Hummmppfff.... Creo que no lo entiendes. Has sido elegida para engendrar el segundo Hijo de Dios.
- ¿Y me pasará pensión todos los meses?
- Pues, mira, bonita, no lo sé...
- Pues que cabrón, ¿no? O sea, ¿quiere preñarme y luego pasar de mi cara? Aunque el cheque de los 3.500 euros para madres solteras me vendría muy bien...
- Bueno, mira, yo sólo te lo anuncio. Te arreglas con él... Con que me firmes en el albarán de anuncio, a mi ya me va bien...
- ¿Aquí? Bueno, una crucecilla y arreando, eh? Y largate ya, que me espantas a los clientes!
Si es que segundas partes nunca fueran buenas...
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Son las 11 de la mañana. Todavía estoy en pijama, con mi coleta y mis pinzas, y la gata y el conejo corretean a mi alrededor y mordiéndose entre sí. Pienso en regar las plantas, que siempre se me mueren los geranios y me pregunto porque después... "Insight", de Depeche Mode, suena como fondo de la escena, y yo me sumerjo en la música y bailo por la casa....
Ring, Riiiiing
Suena el timbre de casa, y embobada como estoy con la canción de Depeche, me despisto y abro la puerta principal, sin pensar que realmente no espero a nadie a esas horas... Ni siquiera se me ocurre mirar por la mirilla....
Y ahí está ella, mirándome desde el rellano. Muy alta, muy delgada, de inquietantes ojos verdes, pelo rubio mal teñido, falda de tubo hasta la rodilla, tacones y maletín de ejecutivo.
- ¿Eres Elena?
Extrañada con la aparición de la mujer que sabe mi nombre, le contesto asintiendo con la cabeza, desconfiadamente....
- Así que eres tú! Qué alegría!! - y me tiende la mano derecha para estrechar la mía. Parece conocerme de toda la vida, y hago esfuerzos para ubicar su cara en algún momento del pasado, pero sin resultado. Educadamente, respondo al saludo, y aprieto su mano, completamente helada al tacto. La mujer sonrie satisfecha y con tal gesto muestra los dientes.... No puedo evitar dar un respingo.. Los tiene completamente podridos. Asqueada, me suelto disimuladamente y le pregunto:
- Y usted es.... ???
- No me invitas a entrar?
- Pues no. - ¡Vaya morro que tiene la tipeja esta!! - Lo siento, estoy muy ocupada. - Sé que justamente estando en pijama no doy una imagen de exceso de trabajo, pero me da completamente igual y cierro la puerta. O al menos lo intento, porque un pie enfundado en un zapato de tacón se cuela hábilmente entre el marco de la puerta y ésta. Y oigo:
- Elena, soy una depresión, y quiero instalarme en tu cuerpo - Ante estas palabras, abro la puerta de par en par y la miro atentamente:
- Estás loca.
Me mira inquisitoriamente ella a mi: - Estoy loca? ¿Estás segura? - Comienza a sacar unos papeles del maletín, y empieza a leerlos... : - A ver, Elena A., 29 años, nula situación laboral, confusión existencial, sentimientos de culpa, incertidumbre sentimental... ¿sigues pensando que estoy loca?
- ¿Cómo sabes tanto de mí?
- ¿De verdad crees que el Meteosat sólo sirve para controlar la meteoreología, querida?
Coño.
- ¿Y qué quieres exactamente? ¿Instalarte en mi cuerpo? ¿Para qué? ¿Qué ganas tú? ¿Y qué gano yo?
- Comprende, Elena, que soy una depresión, y que si no funciono desde dentro de un cuerpo, no tengo mucha razón de ser... Yo gano razón de ser y cumplo mi trabajo.Y tú ganas dejar de esforzarte, tener excusas para no luchar, para no levantarte por la mañana, para dar pena y que cuiden de tí, que te lo mereces... ¿Acaso no deseas que cuiden de tí? Además, es completamente indoloro. La instalación se procesaría de manera automática. Ni te enteraras.
Titubeo. Claro que deseo que cuiden de mí! Pero no así.. ¿con una depresión? ¿Desde cuando se elige tener una depresión?
- ¿Y no puedo elegir otra depresión? ¿Tienes que ser tú por obligación? ¿No existe un catálogo de depresiones a la carta o algo parecido?
- Desde nuestro Centro de Datos de Estados de Ánimo, yo soy la depresión que mejor se ajusta a tu personalidad y circunstancias vitales.
Coño de nuevo. Estoy anonadada. Pero....
- No, mira, gracias, srta. Depresión, pero no... No me apetece ahora mucho mismo....
- ¿Estás segura? Mira que tengo muchos otros cuerpos candidatos.... ¡Son las 11 de la mañana y estás en pijama!!
Joder con la mamarracha esta, tirando a dar.
- Si, si, estoy segura. ¡Segurísima!!!
Me tiende la mano otra vez y se la vuelvo a estrechar. Sigue teniendo la mano helada.
- Pues nada, Elena, es una lástima.. Seguro que nos hubiera ido muy bien a las dos juntas. Un placer...
- Si, si, igualmente. Adiós.
Y cierro la puerta. Temblando, apoyo la espalda contra la pared. La próxima vez miraré por la mirilla y no te abriré, so zorra, pienso. E intentando olvidar lo más rápidamente la visita, me dispongo a regar de una buena vez los geranios..
Luce el sol.
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El pájaro me dice que me dé prisa, que voy a llegar tarde. Recuerdo su voz dulce, chillona. Recuerdo sus plumas rojas, azules, sus ojos brillantes, su pancita que se hincha con la fuerza de sus palabras. Recuerdo sus patitas doradas agarradas a la rama del árbol de la ventana. Recuerdo que era tarde, pero no demasiado.
Corro por el camino de piedras blancas. El de siempre, el de todas las mañanas. Mis pies no levantan la polvareda de otros días. Hay humedad. Hace frío. Recuerdo mi aliento convertido en vaho. Me recuerdo jugando a fumar cigarrillos imaginarios con ese mismo vaho. Sonrío.
La helada ha hecho palidecer los árboles y la hierba del camino. El pájaro vuela a mi lado, me dice "corre". ¿Por qué tanta prisa? Vas a llegar tarde. Una sístole furiosa y constante me hace entrar en calor. Noto la diástole retumbar en mi pecho. Las mejillas se enrojecen, los dedos resbalan del sudor. ¿Por qué tanta prisa? Me detengo. El camino se queda en silencio y sólo oigo mi respiración. El pájaro revolotea. Me mira sorprendido, no te pares. Oigo el aleteo. Oigo mi respiración. Miro a mi alrededor, nada ha cambiado. No hay viento, huele a hierba, huele a vida, huele de color verde.
Comienzo a andar, despacio, por el camino de piedras blancas de toda la vida. El pájaro me dice que vaya más rápido, que llegaré tarde. Le digo que no, que quiero comprobar una cosa. Quiero ver si llego a tiempo llegando tarde, quiero ver si puedo disfrutar del camino, de lo que me rodea, mientras voy a mi destino.
El pájaro se posa en mi hombro, me mira extrañado, me encanta el brillo rojo de sus plumas, ladea la cabeza y parpadea, tranquilo. No dice nada. Silba.
Recuerdo contar las piedras blancas del camino. Recuerdo que hay 43657 piedras blancas hasta mi destino. Recuerdo que cada día paso por delante de ellas sin enterarme, sin saber que están ahí, por miedo a llegar tarde, por miedo a no estar.
Recuerdo llegar tarde ese día. Pero recuerdo que a pesar de llegar tarde, recuerdo llegar a tiempo. Llegué cuando tenía que llegar. Ni más, ni menos. El pájaro me mira tranquilo, sonríe y me dice que he tenido suerte de llegar a tiempo. Puede, pájaro. Puede. Pero creo, que me he dado cuenta de que las personas más puntuales del mundo pueden llegar tarde en la vida, y las más impuntuales pueden llegar pronto. Nunca se sabe lo que vas a tardar en contar las piedras del camino.
El pájaro se ríe. Silba.
Gracias, Uceda. Gracias, María.
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Hoy, en la ciudad, todos, absolutamente todos, se han levantado con granos de azúcar en los labios. Pero sólo se han dado cuenta los que, al despertarse, se han besado....
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Personajes: Elena y la Médico
Consulta de un médico. Tan sólo hay una mesa y dos sillas. La Médico está sentada tras la mesa. Detrás de ella, una pared llena de títulos universitarios, especialidad en Medicina General y Cardiología.
Acto Único.
La Médico está sentada tras la mesa, leyendo unos papeles. Se oye llamar a una puerta.
Toc Toc
La Médico: (sin levantar la vista de los papeles). Pase.
Entra Elena, con cara de susto, perdida y agobiada.
Elena: Es usted la Médico?
La Médico: Si, soy yo.
Elena: Me remite mi doctor de cabecera. Me han dicho que es usted la mejor en su especialidad.
La Médico: (asiente orgullosa) Tome asiento.
Elena se sienta en la silla libre.
La Médico: Que le sucede?
Elena: (nerviosa) Pues... mire... yo veía el mundo de color de rosa y ahora le veo en rabioso technicolor....
La Médico: Ah, mujer, eso es normal, no se preocupe.. es una cuestión de presión. ¿Usted hasta ahora vivia en una nube?
Elena (avergonzada): Si.
La Médico: Pues no se precupe: es eso. Ha puesto los pies en el suelo y eso provoca que vea el mundo en sus colores reales.
Elena: (aliviada)... ahhhhhhhhh. Y es de fácil cura?
La Médico: Bueno, la verdad es que lo conveniente es que se acostumbre usted a ver el mundo en sus tonalidades reales. Le será más fácil aostumbrarse al ambiente... Lo que hay que ver es que no padezca usted efectos secundarios.
Elena: ¿Efectos secundarios?
La Médico: ¿Me permite auscultarla?
Elena: Si, por supuesto.
La Médico saca un estetoscopio de un cajón de la mesa. Se levanta, se dirije a Elena, y la ausculta.
La Médico: (negando con la cabeza) Lo que me temía. Ningunlatidofogia...
Elena: Ein?
La Médico: Escuche usted misma. (coloca los receptores del estetoscopio en los oidos de Elena para que ésta pueda escuchar)
Elena: (aterrada) NO ESCUCHO NADA!!!
La Médico: Al pasar de ver de rosa en technicolor, muchas veces provoca fallos en el corazón, que deje de latir.. ha latido tanto que se le ha parado...
Elena: (llorando): Entonces estoy muerta!!!
La Médico: Noooooo, es una consecuencia del cambio de presiones.... Mire... (se sienta de nuevo en la mesa). Le doy estas píldoras (saca un tarro de pastillas blancas del cajón de la mesa). Espabilina. Lo mejor en estos casos. Unas cuentas raciones de espabilina cada ocho horas, y en unos días estará como nueva....
Elena: Pero, pero.....
La Médico: Anda, no sea tonta... Necesita usted espabilina. Cojalas. (Elena, con la cara llena de lágrimas, coge el frasco) Me juego mi título en Oxford que no es la primera vez que usted sufre ningunlatidofogia...
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Me despierto de un susto, sobresaltada. Al comprobar que estoy en mi habitación, suspiro aliviada... y de repente descubro, aterrorizada, que sujeto con fuerza en la mano derecha un tarro de píldoras blancas, con una etiqueta... espabilina.
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Tras el alarde de inspiración que destilo en mis últimos posts (juassss!!), la verdad es que esta semana no estoy absolutamente nada inspirada... así que os dejo un cuento de miedo para amenizar estos dias festivos...
"Es solo un trabajo", volví a pensar mientras llegaba en mi camioneta a la vieja mansión ubicada en las afueras de la ciudad. "Solo un trabajo más como cualquier otro. Además el cliente siempre tiene la razón, no importa que sea lo que pida". Últimamente no me había ido muy bien con mi compañía de exterminación de plagas, y si un cliente pagaba bien no podía negarme, por muy raro que fuera su pedido. Lentamente, aparqué frente a la ruinosa mansión. Era un lugar tétrico, sombrío, de grandes ventanales y oscuros pasajes. El lugar ideal para una plaga. Tome mi maletín, me dirigí a la puerta y la golpeé firmemente con los nudillos. Pesadamente se abrió la puerta, asomándose una lastimosa anciana de ropas raídas con un candelabro en las manos.
- Buenas noches – dije - soy de la compañía de exterminación. Me llamaron por el asunto de una plaga.
- B.. Buenas noches joven - dijo la anciana – disculpe, pero no recuerdo haberle llamado, aunque con esta cabeza debo haberlo olvidado... Ud. debe venir por lo de las ratas... Bien, pase, pase.
Entré y comenzamos a caminar por los oscuros y tenebrosos pasillos. Podía escucharse la madera crujir bajo nuestros pasos y el incesante chillido de las ratas a través de las paredes. Mientras caminábamos, la anciana no dejaba de balbucear maldiciones contra las ratas.
- Me tienen aburrida, están por todos lados, en la cocina, los dormitorios, el techo...
Pronto llegamos hacia una de las habitaciones en donde se distinguía entre sombras un gran hoyo en la pared. La anciana se inclinó y apuntando hacia él me dijo:
- Por aquí es donde salen estas malditas. Creo que debe empezar por aquí.
Mientras la anciana estaba inclinada, me surgió la duda nuevamente. ¿Debía hacerlo o no? Era algo cruel, pero el cliente siempre tiene la razón. Así que abrí mi maletín y saque mi llave de tuercas. Levanté la mano y descargué el golpe sobre el cráneo de la anciana... Vi el cuerpo tirado en el suelo y pensé: "Nadie la echará de menos". Pronto surgieron miles de ratas desde el agujero y comenzaron a devorar el cadáver de la anciana. Algunas me miraban de reojo y parecían sonreír. Me di la vuelta y abandoné la habitación, agachando la cabeza y tragando saliva, caminando deprisa. Dentro de poco no quedaría ningún rastro del cadáver. Cerca de la puerta encontré un fajo de billetes, el pago por mi trabajo. Mientras caminaba hacia la salida, pensé que el concepto de plaga era algo muy relativo. Para la anciana la plaga eran las ratas, pero para las ratas la plaga era la anciana. "Y qué podía hacer yo", pensé, "si las ratas llamaron primero..".
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Había una vez una muchacha que le preguntó a un chico si se quería casar con ella. El chico dijo "no". Y la muchacha vivió feliz para siempre, sin lavar, cocinar, planchar para nadie, saliendo con sus amigas, tirándose a numerosos hombres y sin trabajar para ninguno. FIN El problema es que de pequeñitas, no nos contaban estos cuentos.... si nos los contarán, otro gallo nos cantaría.
PD. Se nota que estoy puteada con el Asesor Fiscal, no??
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28 de Junio
A veces, agradecemos la lluvia...
Paseamos por la ciudad en silencio. En las calles tan sólo se escucha el crujir de los adoquines recalentados y las hojas caídas. Cuando la gente llegue ya nos habremos ido, recorriendo las callejuelas que no conocemos. Y en aquella esquina vocifera un hombre solo, ofreciendo los boletos para ver la lluvia en esa misma tarde. -Por 30 céntimos admire la belleza de la lluvia. Sólo 30 céntimos. Tomad vuestro boleto. En 15 minutos comienza el espectáculo. Y hace tanto que no la sentimos, que no sabemos nada de la lluvia, que hurgamos en los bolsillos en busca de la salvación. La soledad recorre las calles, ningún ser pasea por ellas. El cielo está de un deslucido color gris y las hojas de los árboles cargan con la pesada humedad. -Deme dos. Extiendo mi mano y deposito en su boina lo justo. El hombre nos da los boletos numerados, que coinciden con las únicas dos banquetas plegables que coloca en el medio de la plaza. Los números están impresos borrosamente en los asientos de chapa. -En menos de 5 minutos-, nos dice. La falta de ruidos se hace insostenible, deseamos ferozmente el comienzo. Ya sentados en el medio de la plazuela, te invito a mirar hacia arriba; en el cielo encapotado se distinguen manchas más oscuras. Coges mi mano y sonríes. Acabas de sentir la primera de las gotas. El calor insoportable se retira vencido por la lluvia presurosa. Aparecen, poco a poco, los sonidos que produce. Puedo identificarlos: cayendo sobre las hojas del eucaliptus; golpeando las hojas secas muertas en el suelo de la calle; tintineando por la tubería de esa casa; llenando el cuenco de tu mano. Música, dulce música que se complace en respetar nuestro momento. El hombre de los boletos no nos defraudó. Apenas comenzó la función, se retiró dejándonos en paz.
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23 de Junio
El test de embarazo, la parte teórica del carnet de conducir, los inservibles (con perdón) tests psicotécnicos de las entrevistas de trabajo (viva el método Grönholm), los exámenes... vivimos en un mundo absurdo en el cual, cualquier aspecto de nuestra existencia se puede medir, analizar, comprobar, en media hora, haciendo pruebas para que un desconocido nos evalue, nos califique, nos alce hasta los cielos o nos desmorone por los suelos...
¿Cuál será mi resultado? ... y, sobre todas las cosas, ¿Cuál será el de él? Cuando se comenzó a aplicar la prueba, por lo menos en los primeros dos años, fue desastroso, la gente se negaba y terminaba simplemente por renunciar a la posibilidad de casarse, aún con las mejores intenciones de hacerlo. Y las parejas hacían un cínico pacto, aludiendo a que el procedimiento era antinatural, no era lo correcto, etcétera. Pero por dentro, estaban muertos de miedo.
Y yo me reía de ellos, porque a fin de cuentas, antes de que existiera la prueba la mitad de los matrimonios fracasaba antes de los 10 años. Ahora, 25 años después, es más difícil encontrar tu pareja ideal, y hay menos matrimonios, pero apenas hay separaciones y mucho menos divorcios. Al menos eso dicen las estadísticas oficiales.
Y ahora, esperando en esta habitación de decoración minimalista y aséptica, aguardo con las manos sudorosas los resultados. La enfermera me llama en voz alta y me extiende un sobre sellado, copia idéntica, por lo demás, del sobre que recibirá el juez.
Como habíamos acordado, espero a mi novio fuera del edificio. Él llega con un sobre como el mío.
-Tú primero -me apresuro a decir.
Él no tiene ningún reparo. Lo abre sin dilación ni prisa extremas, incluso, diría yo, con un gesto de abulia. Y lee en voz alta "Señor P. Su estudio de niveles neurológicos asociados al síndrome de Eros, arrojan un resultado de 5.79 en la escala normalizada lineal de 0 a 10. Esto le sitúa dentro del rango legalmente permitido para contraer nupcias, a saber, entre 4.00 y 7.99. La presente certifica que, por lo tanto, usted está legalmente habilitado para el matrimonio."
Para ser habilitado para el matrimonio, debes estar dentro del rango legalmente permitido. Siempre los números 4 y 8 me han parecido antojadizos, aunque hayan sido objetos del más profundo análisis. Y aún cuando acepto plenamente lo del límite mínimo, es decir, la persona DEBE estar al menos ligeramente enamorada para casarse, el límite superior me cuesta más de tragar, aún cuando reside gran parte de la eficacia del método: prevenir arranques de locura (puesto que incluso antes de la prueba ya se aceptaba que el amor era una forma benigna de psicosis temporal) como causantes de matrimonios destinados al fracaso y que las parejas se tomen la decisión con la mente fría.
Abro mi sobre. Lo leo en silencio. Dios mío. No le puedo mirar a los ojos al decirle: "9.14, exceso de sentimiento amoroso. Está usted inhabilitada para el matrimonio los próximos 6 meses. Solicite usted otra prueba transcurrido el tiempo correspondiente".
Él me mira con una sonrisa que pretende ser tierna pero oculta un desprecio sutil. Me abraza y me dice "eso significa que estás un poquita loca ... tal vez deberíamos vernos menos".
Caminando de la mano a su casa, comprendo que esto va directo al abismo...
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