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Anecdotario

Extraños en un andén

Por Elena - 9 de Junio, 2008, 17:00, Categoría: Anecdotario

Hace un par o tres de semanas, cuando bajaba del tren en el andén de la estación de mi pueblo, se me acercó un chico. Yo no digo que fuera yonki, pero tenía tal aspecto, cara y olor a yonki, que tiraba de espaldas.

Nota mental (absurda): me acaba de venir a la cabeza el chiste ese tan estúpido de: si tiene cara de gato, orejas de gato, barriga de gato, bigotes de gato y cola de gato y no es un gato, ¿que es? ¡Una gata!!! Tras los merecidos abucheos, continuemos, pues. 

Yo le ví acercarse, y le quería esquivar, pero no hubía manera  posible, ya que el andén es muy estrechito; por un lado está vallado y en el otro está la vía del tren, por lo que el encuentro era inevitable. Miré instintivamente a mi alrededor en busca de ayuda, como mínimo visual, pero ya todo el mundo se había introducido en las escaleras subterraneas para salir de la estación. Yo me había quedado la última del grupo, rezagada. Y el chico venía directo hacía mí, no cabía duda.

-Oye, chica, oye.

Nota mental (derrotista): Qué mala suerte tengo, con lo asocial que estoy últimamente y el único que se me acerca a hablar es uno que posiblemente me quiere robar.. acabáramos...

Yo, acorbadada, contesté:

-Qué? (original, ¿eh? si es que me salgo...)

El chico se dio cuenta que yo estaba muertita del espanto, y se echó a reir (claro ejemplo de como el dominio de la situación aporta buen humor... cachis..). Al pobre no le quedaban demasiados dientes, y lo cierto es que olía un poco mal...

-Pero, mujer, si no te voy a hacer ná. ¿Me das una euro?

-¿Un euro? (yo acojonaíta, que le voy a hacer, si soy cobardica por naturaleza...).

-Sí, sí, dame un euro, que no he comido en tó el día y no me llega para un bocata.. Mira, mira (y me enseña las monedillas que lleva en la mano...).

-Eh? Bu-bu-bueno.. mira si, toma un euro (y se lo dí, rezando para que no se llevara la cartera enterita, que fue lo hizo el último que me pidió dinero, allá por el 2001...qué coñazo fue renovarme todos los carnets).

-Ah, mañana quedamos aquí a la misma hora y te lo devuelvo!

Lo que faltaba, pensé, tener que estrechar lazos de buena convivencia con el extorsionador de mala monta este: - No, no, que no hace falta. Hala, pa tí pa siempre. (Adiós, euro, adiós.. vive una buena vida con tu nuevo dueño...).

-Que sí, que si te lo devuelvo! (¿pero de verdad tendrá esperanzas de que le crea? a qué no es un yonqui, y en realidad es uno que está jugando al rol o algo así? donde está la cámara oculta?)

-Que no, de verdad, no es necesario! Hala, adiós (y me fuí rápidamente a mi casa, cual niñita tonta espantada..).

Nota mental (fatalista): está visto que cumplir 30 años no me ha servido de nada, porque sigo teniendo menos carácter que un calabacín... que penita doy, oigan...

**************

Al día siguiente, estuve atenta por si le volvía a ver, pero no fue así. Pasó el tiempo, y olvidé totalmente el asunto.

Sin embargo, un día cualquiera, me volví a bajar en el andén de la estación de mi pueblo. Iba caminando tranquilamente para salir de la estación cuando comencé a escuchar unos gritos a mi espalda:

-Eh!! La rubia!! Para!!

Me giré, y me asusté: no había duda: era el yonki(?) pedigüeño. Mierda, pensé, como el otro día le dí un euro sin rechistar, ahora me lo volverá a pedir...

Me puse a andar más deprisa. Pero él también aceleró la marcha.

- Rubia!!! - insistió.

Joer, pues no me está persiguiendo el tío pelma. Pues me paro y le digo que no, que me deje en paz, oye, que yo no tatuada la palabra "banco" en la frente, que yo sepa, claro...

Y me detengo. Él me alcanza y me dice:

-Oye, lo del euro del otro día....

Antes de que continue, le corto, y me pongo MUY borde:

-Mira, que no, que lo siento, que no llevo suelto y....

-Tu euro.

Ein? Perdón? Yo flipaba. El chico me coge la mano y me deja la moneda en la palma.

-Toma, el euro. Miraba todos los días, pero no te veía nunca.

- Ah? ehhhh... gracias...? Gracias.

Vamos, que me quedé muda. Volviendo a casa, aprieto con fuerza la moneda con mi mano. Debería darle de nuevo las gracias al yonqui. No por haberme devuelto el euro, sino por haberme devuelto (al menos por unos días) algo mejor: la confianza en las demás personas. 

Nota mental negativa de la historia: Soy una malpensada de mierda.

Nota mental positiva de la historia: Como me alegro de ser una malpensada de mierda y que me hayan dado esta lección.

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El día que me dí cuenta que era frívola

Por Elena - 22 de Abril, 2008, 15:54, Categoría: Anecdotario

Ya sabeis que soy muy nostálgica y que recuerdo muchas cosas que me han pasado en el pasado...

Hace unos dos años, después de dejarlo con el Hombre Réptil, me hice muy amiga de un amigo. Es decir, y me explico mejor: ya eramos amigos, pero tras mi ruptura sentimental, estrechamos lazos. Era (supongo que sigue siendo) guionista de televisión, era un tío muy rápido de mente y muy ingenioso. Nos pasabamos el día escribiéndonos mails, muchas veces de una sola línea, diciéndonos tonterías. No podíamos parar.

-Buenos días, hombre atareado.
-Buenos días, bella dama.
-Sigues hoy con tanto trabajo?
-Tengo una reunión.. no con tanto como ayer...
-Ah, pues si tienes una reunión, te dejo.
-Joer con doña velocidades!! no ahora! después, fitipaldi! Tú no me cuentas nada?
-Tan sólo cuento los segundos que pasan entre mail y mail tuyo, ay...
-Pues si que sabes tu divertirte tú con poca cosa.. ya se han ido tus padres? Puedo montar una fiesta en tu casa ya, o no?
-Sí, ya se han ido... vuelvo a ser huerfanita..
-Huerfanita, dice, jajaja
-Huerfanita sola en la inmensidad del silencio de su piso, con la única compañia de su gata...
-Pobrecilla... cualquier desalmado puede irrumpir en su solitud...
-Ya ves.. mi mejor sueño erótico es aquel en el que, en mi soledad, aparece Jason con su sierra electrica.. mmhhh...sierra eléctrica...
-Dios, Elena, eres un híbrido pornocutre de Corin Tellado y Charles Manson.... Es muy grande tu casa?
-Pues no sé.. 100 metros?
-100 metros!! Tienes una mansión para tí sola!
-Me la merezco, jajaja
-Demasiado grande para tí.. demasiado frio...
-Sí.
-Pues sube la calefacción, rácana!!
-Halaaaa, lo que me dice, el tío pijo!
-Un día de estos iré a tu casa y llevaré el glamour.
-En forma de qué?
-En forma de mí, jajaja
-Que desilusión, yo pensé que dirías en forma de Vega Sicilia o similar... en fin.. habrá que conformarse...

Era mi partener (o como coño se escriba) perfecto.. De verdad. Siempre tenía la respuesta que me motivaba a seguir, a no cortar la conversación. Listo como una ardilla.. Durante unas semanas, tuve como una especie de enganche emocional con él. Tenía que estar continuamente en contacto, saber que hacía. Me sentía tremendamente vinculada a él.

Sucedío que un día, fuimos al cine. A la vuelta, me llevo a mi casa. Y de repente, me besó, inesperadamente. Aunque sólo le veía como un amigo, yo sabía, en el fondo de mí, que podía pasar en cualquier momento, pero no tenía prisa... Y.. pasó lo que nunca me había pasado: me quedé igual. Quiero decir, que me besaba y yo no sentía nada, es como.. no encuentro la metáfora. Nunca un beso me había despertado tan pocas sensaciones. Me sorprendí de mi misma, porque soy bastante pasional, y si, me gustan los besos, y si, me gustan que me besen. Y mucho.

Pero no sentí nada de nada.

Y entonces supe la razón.

Una razón muy triste, pero era la verdad, al fin y al cabo.

Es que era muy feo, pobrecillo mio (habló la sex-symbol, eso sí).

Y me sentí mala, muy mala, despreciar su beso, hecho con toda su ilusión, por algo tan miserable como que no me atraía fisicamente, pero... es que no me ponía nada. Era como besar a Fidel Castro, o a Falete, o a la niña de Rajoy, o yo que sé. Que no, en definitiva.

Vamos, que lo recuerdo como uno de las mayores marrones de mi vida, ahí él, emocionadísimo y empalmadísimo, en plan tienda de campaña triple-familiar, y yo diciéndole: lo siento, pero no.. Y él.. ¿porque? y como le dices a una persona: que no, tío, que me pones menos que el erizo de seguros génesis, sin destrozarle el ego? Mira, le dije, es que acabo de salir de una relación, no me siento capaz de estar con nadie, blablabla. Y él, que era muy listo y poco ingenuo, no me creyó. Obviously. Evidentemente.

Lo peor del asunto es que perdí una amistad, a una persona que yo realmente apreciaba. Él consideró que yo había jugado con sus sentimientos, y sin habermelo consultado, se declaró en estado (de enamoramiento), y consideró que para no pasarlo mal, debía alejarse de mí. Supongo que inconscientemente le dí ilusiones, yo necesitaba atención y de forma errónea me agarré a él, como quien se agarra a un clavo ardiendo. Actualmente, no sé nada de su vida.

Hoy he estado revisando los mails de hace dos años, y hay algunas conversaciones buenisimas.. ¿Y en el cine? Nunca he disfrutado tanto yendo al cine como con él.. Me comentaba con pasión cinéfila todas las secuencias y todos los planos... Como me tomaba el pelo... Como nadie.... Ays.

Pero todo pasa.

Qué pena, ¿no?

Actualización:
Aprendiendo, muy generosamente, ha aportado un enlace a una noticia de prensa, que, vamos, ni escrito a próposito.. me viene al pelo!!



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Qué beso el de aquella noche

Por Elena - 8 de Febrero, 2008, 14:54, Categoría: Anecdotario

Los universitarios acaban de terminar la diplomatura, y tras tres años de sentarse los unos al lado de los otros, y a falta de viaje de fin de curso, deciden celebrar al menos una cena, ¿no? Lo normal. Esa típica cena en la que se acaba hablando con alguien que se ha sentado día tras día durante meses dos mesas más para allá, pero con quien jamás has entablado una conversación, y en el último momento descubres que es un tío agradable. Si, ese tipo de cenas.

De hecho, a ella ya le había sucedido. En la cena del año pasado, se había pasado la noche entera hablando con un compañero de clase con el que nunca había cruzado ni palabra, y acabaron mirándose el uno al otro medio sonrojados y con sonrisilla boba, pero no sucedió nada más. No se volvieron a ver hasta después del verano, otra vez con el inicio de las clases, y  tras el reencuentro después del verano, él supo que ella había vuelto con su novio… y aunque habían congeniado aquella noche, volvieron a la rutina de no hablarse.

Y paso el tiempo, e, inexorablemente, como todo, el curso llegó a su fin; es más, era fin de carrera... Otra cena, ahora con más motivo que nunca. Ella había aprobado todas las asignaturas en ese mes de junio, por lo que probablemente no pisaría de nuevo la facultad. Representaba el fin de una etapa, de un ciclo vital, aunque quizás en ese momento ni ella, ni posiblemente nadie, era totalmente consciente.

Casualidades de la vida, en la cena, celebrada en la típica tasca horrorosa con olor a fritanga, él y ella se sentaron juntos. Ella, como en todos los meses de junio, lo ha dejado con su novio, esta vez definitivamente (de momento…). Él tampoco tiene pareja, o al menos, así lo declara. Se miran con el rabillo del ojo. Y, espontáneamente, renace la sonrisilla boba y el brillo pícaro en la mirada entre ambos.  

Cantan juntos canciones de Sabina y se cuentan cotilleos… Me lo quiero ligar, piensa ella, de repente, como quien hace por sorpresa un gran descubrimiento, con todo el desparpajo y la caradura de quienes tienen 21 años. No es guapa, pero cuando quiere puede llegar a ser bastante simpática y hasta graciosa, que al fin y al cabo, son las armas de seducción naturales de quienes no son demasiado agraciados…. Así que disimuladamente, se pega a él, coquetea, ríe y sonríe, le hace observaciones ingeniosas, o al menos lo procura.

La cena ha acabado, y el grupo de estudiantes (o exestudiantes) se van de copas, o de cachis, o de lo que caiga. El Barrio Húmedo está abarrotado de gente, no cabe ni un alma en ningún bar. Entran y salen de los garitos, piden una copa, y otra, ¿porque no?. Total, la noche es joven, y ellos también.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la chica para hacerle ver a él que es estupenda y que lo mejor que le podría pasar en su vida es enrollarse con una chica como ella, no parece que el chico se dé por aludido. Ya sea por timidez o puro desinterés, él no se muestra todo lo receptivo que ella quisiera, y ella se desilusiona… Están todos en La Sal, garito-sótano, donde todo el mundo habla con todo el mundo, está hasta los topes, hace muchísimo calor y no hay quien se mueva, pero por alguna razón desconocida e incomprensible, a ella le encanta ese bar… Allí, viendo y de nuevo comprobando la pasividad de su noligue, se autodeclara vencida y derrotada, y decide, aunque le pesa, abandonar su objetivo. Opta, por tanto,  por disfrutar de ese pub que tanto le gusta, y se empieza a pasear (con dificultad, eso si) entre la multitud que abarrota el lugar… Está ligeramente tocada por el alcohol, y a pesar del gentío, disfruta de la música y del ambiente.

De repente, se le planta delante un chico, desconocido, en medio de la pista, y no la deja pasar. Le dice una tontería, y ella contesta otra. Se ríen. Vuelven a decirse una par de bobadas, y se vuelven a reír. Al cabo de un rato, y sin saber cómo ha sucedido, ella nota el húmedo contacto de su lengua dentro de su boca. Maquinalmente, se deja llevar, no lo piensa demasiado… Pero de repente, vuelve a la realidad, como quien se despierta de un sueño, y se acuerda de él, del chico que le gustaba, y le invade la angustia al pensar que puede estar viéndola besándose con otro. Además, ¡que ella no quería besarse con este, que se quería besar con el otro, hombre!! Se despega del "besador" con un ligero empujón, y medio disimulando, se acerca hacia donde está él.

Él está apoyando su espalda contra la barra del bar, mientras se está bebiendo un cubata, hablando con una chica, otra compañera de clase. Ella se acerca como quien no quiere la cosa.. Que no lo haya visto, que no me haya visto!, piensa, nerviosa…

 - Hola.. ¿qué? ¿Como vamos?

Él la mira, y se medio se ríe.

- Pues no tan bien como a ti.. ¿Y ese quien es?

Ella quiere morirse al oír sus palabras…

- Pues, nadie, si no le conozco.. ha sido una tontería…

- Te vas besando con cualquiera, ¿o qué?

Imbecil, ¿eres tonto de remate o qué? pensó ella. Y de repente decide que total, que de perdidos al río. Ya le da igual.

- Es que como quien me gustaría que me hiciese caso pasa de mí, así que me he de consolar con el primero que pasa…

- Mira, Elena, si hay algún chico que te gusta y no te hace caso habría que darle una bofetada.

Y… de repente, mi inconsciente fue más rápido que yo. Me quede tan perpleja ante sus palabras, que reaccioné de manera total y completamente instintiva. Sin decir nada, mirándolo fijamente, levanté la mano derecha a la altura de su cara, y con un hábil, rápido y eficaz movimiento de muñeca, estampé con fuerza la palma de mi mano en su mejilla. Él, tras esto, se queda mirándome, alucinado, con los ojos completamente abiertos, y también sin hablar, me coge con fuerza de la nuca, me arrastra hacia él y me da el mejor besazo que me ha dado nunca nadie (en un bar). Cierro los ojos y me siento teletransportada a otro lugar, casi no me puedo creer la suerte que tengo. Cuando por fin despegamos labios y nos abrazamos, riendo, no puedo dejar de mencionar la cara de incomprensión y de total perplejidad de la compañera de clase con quien estaba hablando él antes de que yo irrumpiera en medio de su conversación…

Ays…

Y así es como me dieron uno de los más memorables besos de mi vida, de mis casi 30 años de existencia.. Que no el mejor, que quede claro, porque los mejores besos de mi vida los estoy  recibiendo cada noche desde hace 9 meses (Calamaro forever!!) ... El beso de este post pertenece a ese tipo de besos que, cuando eres abuela, los recuerdas con tus nietas con una sonrisilla traviesa y con un brillo pícaro en los ojos… No porque sean de amor, ni  porque sean excesivamente lujuriosos ni pasionales, sino porque van acompañados de otro tipo de intríngulis… Un poco de misterio, o de complicidad, o de cariño, o de química, o de diversión… Ya me entendéis…

"que siete vidas tiene un gato
seis vidas ya he quemado,
y la última la quiero vivir a tu lado."

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Encerrada en el cuarto de baño: la quintaesencia del glamour

Por Elena - 31 de Enero, 2008, 12:41, Categoría: Anecdotario

Miro la pantalla con cara de estupefacción. No me lo puedo creer.

-Me ha colgado!! El muy gr!#GRR!!! Me ha colgado!!

Estoy enfadada. MUY enfadada. Estoy muy enfadada con Calamaro. Cierto que es una tontería y que estoy exagerando, pero estoy que chirrío, y mi mal genio siempre vapulea cualquier indicio de raciocinio… No quiero volver a casa. Me dedico durante dos horas a dar vueltas por el centro de Barcelona, contemplando escaparates con las persianas bajadas, a las personas paseando y charlando animadamente, a las palomas asustadizas que colonizan Plaza Cataluña. Pero al final, me aburro y me canso, y decido, al fin, regresar a mi hogar. La necesidad de sentarme y relajarme en el comedor de casa vence al orgullo.

Una vez llego a casa, Calamaro está ya durmiendo, acostado en la cama. Como aun estoy un poco enfadadilla, decido no despertarle. Me descalzo y me dedico durante un rato a mirar la televisión, a leer, a perder el tiempo miserablemente. De repente, siento ganas de ir al baño. Así que voy al cuarto de baño, hago pis y cuando quiero salir... terrible sorpresa. Lo vuelvo a intentar. No puedo ser! El picaporte se ha quedado atascado. ¡No puedo abrir la puerta! ¡Me he quedado encerrada en el cuarto de baño de mi propia casa!

Ahora es cuando un cerebro normal hubiera reaccionado con la siguiente lógica:

a)      Estoy encerrad@ en el baño.

b)      Hay alguien durmiendo en la habitación de al lado

      c)      Por tanto, pego un par de gritos y la persona me abre la puerta, y puedo salir.
 
Hasta una rata de laboratorio hubiera llegado a esa deducción…

Pero está visto que mi cerebro es menos evolucionado que el de una rata de laboratorio. ¿Y porque? Pues porque deduzco que salir por la ventanita del baño, llegar a la galería (donde está la lavadora) y así luego salir a la cocina, es la mejor opción.

Para que los señor@s lectores se den todavía aún más cuenta de lo absurdo de la situación, diré que el cuarto de mi casa es diminuto, y no es una exageración. Es uno de los cuartos de baño completos más pequeños que he visto nunca, por no decir el más pequeño. Así que figúrense a una mujer de 68 kilos de peso que no es precisamente la persona más ágil del mundo, con la gracilidad de un hipopótamo africano, encaramándose al mármol del grifo, e intentando salir por la pequeña ventana. Consigo salir cabeza abajo, aterrizando con las palmas de las manos, y no sin antes quitarme el cinturón, porque la hebilla chocaba contra el aluminio de la ventana y me impedía salir.

Tras "aterrizar" en el suelo de la galería, me levanto del suelo, muy digna, me quito el polvo de la ropa, sonrío, y me siento muy orgullosa de mi misma… Jejeje, he podido salir yo sola! Pero, de repente, topo con la dura realidad… y la dura realidad es que la puerta que separa la galería de la cocina… sólo se abre desde la cocina. No hay picaporte en la puerta desde el lado de la galería. Y la puerta está cerrada. Bravo, Elena!! Ser rubia, realmente, es muy duro. Paso de estar encerrada en el cuarto de baño a estar encerrada en la galería (que no deja de ser una especie de balcón que da al patio de luces). Parece ser que la situación no ha mejorado... y además, al menos dentro del baño no hacía frío! Buahhhhh!!!

En este momento, un cerebro normal hubiera pensado lo siguiente:

a)      Estoy encerrad@ en la galería

b)      Hay alguien durmiendo en la habitación de al lado

      c)        Puesto que ya he hecho el ridículo lo suficiente por hoy, pego un par de gritos, y la persona me abre la puerta, y puedo salir.

Pues no. No puedo hacer las cosas como las personas normales: tengo que complicármelas.

Así que trepo por la pared, apoyando los pies en la barandilla de la galería, para coger horizontalidad y poder introducirme de nuevo por la ventanita. Meto la cabeza, el cuerpo, y no se qué hago, que pierdo el control de los movimientos de mi cuerpo, y literalmente, me hostío contra el suelo. Dolorida, me incorporo, pero no me rindo (recordemos, mi cerebro no es normal): busco la lima de uñas e intento, con la habilidad de un neurocirujano con Parkinson, desenroscar los tornillos del picaporte a modo de destornillador. Como no puedo, lo pruebo de nuevo con las pinzas de depilar. Con las tijeritas del baño. Venga, que tu puedes!

Pero no puedo, no puedo salir. Cada vez lo compruebo más y más. Y de repente, me rompo, debido a los nervios. Las lágrimas ruedan mejilla abajo debido a la desesperación y nervios Al fin, me he dado cuenta. Lo he de admitir. No puedo salir. Llamo a Calamaro, que es lo que debería haber hecho desde un buen principio si no fuera tan terca.

Y él se despierta enseguida, y corre al baño, y abre la puerta, y me vé llorando sentada en el suelo. Asustado, me abraza... Pero que te pasa, cariño? Me he quedado encerrada en el baño, y he salido por la ventana, y he vuelto a entrar, buahhhh!!!!

Ya una vez tranquila y en la cama, Calamaro se parte de la risa, imaginándome trepando por la ventanita de la galería… Y yo también me río… Si es que….

Al menos, es un modo original de hacer las paces. Eso sí.

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La ciega, el décimo de lotería y Elena

Por Elena - 18 de Diciembre, 2007, 10:53, Categoría: Anecdotario

Cada año compramos entre la Mujer Irónica, la Chica Rubia, la Chica de las Pecas y yo dos décimos de lotería entre todas. Y todos los años me recuerdan la historia de la Mujer Ciega.

Todo comenzó en un tren de largo recorrido, concretamente en un Estrella. Yo volvía a Barcelona después de pasar unos días en León. La verdad es que no recuerdo exactamente qué fechas eran, creo que posiblemente era tras el puente de la Purísima. La cuestión es que no había disponibilidad para viajar en litera (como suelo hacer), y tuve que viajar sentada en un compartimiento de seis personas.

Lo que parecía que iba a ser un horrible y larguísimo trasyecto resultó ser al final un entretenido y ameno viaje. Los compañeros de compartimiento se descubrieron como personas agradables y con ganas de conversar, así que finalmente estuvimos seis desconocidos contándonos todo tipo de anécdotas y exponiendo mil puntos de vistas distintos sobre todos los temas que surgían.

Entre mis compañeros de compartimiento había una mujer ciega, no totalmente, pero por lo que contó, tan sólo veía sombras, figuras, contornos. Vestía con estética bohemia, y nos relató que conocía toda Europa, y que vivía y viajaba sola. Yo la escuchaba fascinada, ya que este tipo de personas, las que tienen impedimentos o minusvalías y eso no les impide actuar como les place, me despiertan una fascinación absoluta…

Tras haber estado hablando y riendo toda la noche, ya casi llegando a Barcelona, la mujer ciega se calló, nos miró (bueno, jeje, ya me entendéis), y nos dijo:

       -         Como me habéis caído tan bien, os voy a decir qué número saldrá este año en el gordo de la lotería.

Todos nos quedamos pasmados.

-         Va a ser el 23578 (este es inventado, no recuerdo qué número era), y lo podéis comprar en una administración de lotería que hay en la calle Nomeacuerdo, nº 7.

Mis compañeros de viaje apuntamos rápidamente los datos, mirándonos entre nosotros con cierta incredulidad, pero no por ello sin dejar de apuntar el número….

Días después, quedé para cenar con mis amigas, las citadas anteriormente Mujer Irónica, la Chica Rubia y la Chica de las Pecas. Y ya al final, cuando tomábamos el café, me acordé de la anécdota del tren. Cuando se la acabé de contar, me miraron las tres a la vez con los ojos como platos. Yo de repente me sentí incómoda, observada.

-         Pero qué pasa?

-         Pero como qué pasa?? Tía!! Esto lo tendrías que haber explicado antes!!

-         Ah! ¿Pero os lo creéis? (Fuerte es que haga yo esta pregunta, que soy la aficionada a las cartas del Tarot…)

-         Y tu no??

-         Pues.. (La realidad es que no le había dado la menor importancia..)

-         Bueno, hay que comprar el número como sea. ¡Imagina que toca!

La cuestión es que al sábado siguiente me llaman a las 8!!!!!! de la mañana.

-         Oye, que vamos a comprar el número. Vienes?

      -         (Flipando, media dormida)… Estooo.. no. Compradme dos números, uno para mi y otro que le regalaré a mi madre. (Y seguí durmiendo).

La cuestión es que compraron números para ellas y para sus familias. Pero ahí no está lo gordo del asunto. La cuestión es que lo comentaron con compañeros de trabajo, con amigos, con conocidos. Todo el mundo fue a comprar el número, ¡todo el mundo! Amigos de amigos, vecinos, el mecánico del barrio… El número de lotería que había vaticinado una mujer ciega se extendió como se extiende una leyenda urbana, igual. Lo compró hasta la peluquera de la Mujer Irónica, ahí queda eso. Yo flipaba, ya que no le había dado la más mínima credibilidad, y en cambio, la gente de mi alrededor estaba absolutamente revolucionada. Cuando se agotó el número de lotería (porque por supuesto se agotó), hubo quien buscó en qué administración se vendía el número anterior y posterior, y los compró también.

Y llegó el día 22.

Y el bombo rodó, el niño cantó, y el número… no tocó.

Ring, ring.

-         Elena, no ha salido el número.

-         Pues no, vaya.

      -         Vaya.

Ring, ring.

-         Mi peluquera ha llamado lamentándose.

-         Chica, el azar es el azar.

      -         Pues sí…

Reconozco que cuando colgué el teléfono, me reí. Qué fuerte la que había montado!! Lo quiero hacer intencionadamente y seguro que no me sale…

 

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